En 1 Corintios 6:1-11, Pablo continúa su discusión acerca de cómo los cristianos deben abordar los problemas que involucran a personas de la iglesia.
Lee 1 Corintios 5:3, 12-13; 6:1-13. ¿Qué está tratando de enseñar Pablo a los corintios y a nosotros?
La palabra griega _pragma_, traducida como «algo» en 1 Corintios 6:1, es un término genérico que aquí se refiere a un asunto legal. Es importante recordar que 1 Corintios 6:1-11 no se refiere a un caso penal. La autoridad de los tribunales civiles para los asuntos penales es afirmada en Romanos 13:1-5. Pablo aborda un caso de litigio después de tratar una situación de inmoralidad sexual, tal como lo hizo Moisés en Deuteronomio 22:22-24. Esto demuestra cuán bíblicamente fundamentada es la manera en que Pablo trataba los problemas en la iglesia.
El hecho de que el caso de 1 Corintios 6:1-11 esté enmarcado por pasajes que tratan de la inmoralidad sexual (1 Corintios 5; 1 Corintios 6:12-20) puede sugerir que el asunto al que se refiere 1 Corintios 6:1 también estaba relacionado con la inmoralidad sexual. No sabemos con certeza de qué se trataba, si era un asunto civil menor, como una disputa por una propiedad, o un problema sexual.
Sea cual fuere el _pragma_ en última instancia, Pablo no estaba feliz de ver a los miembros de la iglesia llevar el tema ante un tribunal civil. ¿No podían ellos, como hermanos cristianos, haberlo resuelto en lugar de llevar el asunto ante «los injustos» (1 Corintios 6:1)?
También es posible, como algunos suponen, que los litigantes de 1 Corintios 6:1 fueran el padre y el hijo de 1 Corintios 5:1. En cualquier caso, no es necesario decidir el asunto para entender el punto. Pablo se preocupaba por la identidad de la iglesia como comunidad cristiana tal y como era vista por la sociedad. Los cristianos no deberían «sacar los trapitos al sol» (ver 1 Corintios 6:6) ni recurrir a medios seculares para juzgar asuntos internos. En el mundo romano, las personas de mayor rango, riqueza o función política solían ser favorecidas en los tribunales. Por el contrario, los cristianos deben juzgar como lo haría Cristo, y distinguirse de los estándares seculares.
Piensa en la lista de pecados que Pablo enumera en 1 Corintios 5:10-11 y 1 Corintios 6:9-10. ¿Por qué enumera los pecados sexuales junto con otros pecados como la idolatría, el robo, la codicia y la extorsión?
Comentarios Elena G.W
Se debe honrar a Dios en todo sentido, siendo participante de su naturaleza divina, para tener la seguridad del perdón de los pecados, con lo cual se pueda testificar acerca del amor de Dios. Pero en nuestra experiencia no se observan la afabilidad ni la alegría que deberían haber. Cristo dijo que si permanecemos en él, nuestro gozo será completo. Participemos entonces de la naturaleza divina, habiendo escapado de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia. Entonces, no echemos oprobio sobre Cristo al vivir vidas inconsecuentes, terrenales y sensuales. Elevémonos por encima de la atmósfera insalubre que prevalece en el mundo, y respiremos el aliento de Dios. Alimentémonos del pan de vida.
Cristo declara que si comemos sucarne y bebemos susangre, tendremos vida eterna. Para nosotros su Palabra será como las hojas del árbol de la vida, si creemos en Cristo como nuestro Salvador personal. Si comemos el pan que descendió del cielo, gozaremos de una conexión viviente con Dios. Haremos que la eternidad entre en nuestros planes. Viviremos como si estuviéramos en presencia de toda la hueste celestial. Los ángeles nos vigilan y nos cuidan.
Dios nos ama, pero nosotros somos incapaces de apreciar ese amor. Estamos perdiendo espiritualidad. Dios desea que reconozcamos su propiedad en cada ser humano. Él tiene sus posesiones. Son míos, declara. Los he comprado con un precio. “No sois vuestros… glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”. 1 Corintios 6:19, 20. ¿Están dispuestos a hacer esto? ¿Orarán con fe? ¿Honrarán a Cristo al creer en su Palabra al pie de la letra? (Exaltad a Jesús, 5 de abril, p. 103).
He estado meditando en lo poco que apreciamos las definidas declaraciones de la Palabra de Dios con respecto a nuestras relaciones mutuas. Existe ese egoísmo en el corazón humano que nos induce a concentrar nuestros pensamientos en nosotros mismos; e incluso entre los que mantienen relación con Dios, nos sentimos apenados a veces al ver cuántos de sus pensamientos se concentran en sí mismos de manera que no ven ni sienten las necesidades de los demás. Estamos relacionados los unos con los otros en la gran tela de la humanidad, y en todas nuestras relaciones mutuas debiéramos manifestar la actitud de Cristo. Cerrar los ojos frente a las necesidades de los que perecen, dejar que los pecadores sigan sin amonestar, y que debido a nuestra indiferencia y egoísmo se sientan tentados a decir: “Nadie se preocupa de mi alma”, equivale a deshonrar a Dios y acarrear baldón sobre su causa. Nuestra obra debe edificarnos en la santísima fe.
Si no existe una armonía perfecta entre nosotros, no debiéramos pensar que no tenemos la culpa de esa situación. Si los pensamientos y los sentimientos de los demás no recorren los mismos cauces que los nuestros, no debiéramos creer que ellos están equivocados y nosotros en lo cierto. Debiéramos mantener constantemente afinada la mente para responder a la oración de Cristo que aparece en. Juan 17:21-23. Necesitamos saber en qué consiste el yugo que Cristo quiere que llevemos, y las responsabilidades que tenemos que asumir en este tiempo, y tratar constantemente de demostrar con bondad y amor a nuestro hermano que nos interesamos en él, y poner amor en nuestras acciones cotidianas. Este es el oro afinado en fuego: La fe y el amor. Si viéramos que alguien está en error en algún aspecto, no debiéramos pasar a su lado sin decirle nada, sino que debiéramos tratar de traerlo de las tinieblas a la luz. Debiéramos cuidar los intereses de los demás como de los propios. No valoramos el alma como debiéramos. Tendríamos que unirnos en una gran hermandad, y ubicarnos donde podamos soportar las faltas de los otros con toda paciencia y humildad, tratando de compartir las cargas de los demás. Véase Efesios 5:1, 2 (Cada día con Dios, 22 de septiembre, p. 272).