“«¿No saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en ustedes, que tienen de Dios, y que no son sus propios dueños? Porque han sido comprados por precio; por tanto, glorifiquen a Dios en su cuerpo y en su espíritu, los cuales son de Dios»”1 Corintios 6:19-20
Lee para el estudio de esta semana
1 Corintios 5:1-13; 2 Corintios 2:5-10; 1 Corintios 6:1-13; 1 Tesalonicenses 4:1-8; 1 Corintios 6:19-7:9.
Para memorizar
«¿No saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en ustedes, que tienen de Dios, y que no son sus propios dueños? Porque han sido comprados por precio; por tanto, glorifiquen a Dios en su cuerpo y en su espíritu, los cuales son de Dios» (1 Corintios 6:19-20).
Nuestro cerebro es como una esponja: todo lo que le llega a través de nuestros sentidos permanece en él. Puede que no seamos conscientes de la mayor parte de lo que ingresa en nuestra mente (sería imposible pensar con claridad si recordáramos todo), pero todo está allí e influye en cierta medida en lo que pensamos, sentimos y hacemos.
Por eso somos tan vulnerables a la influencia de todo lo malo que nos rodea. La iglesia cristiana ha luchado desde sus inicios con este problema. Por ejemplo, ¿de dónde procede la observancia del domingo? ¿Se originó en la iglesia? No, sino que provino de la cultura circundante.
Podemos ver cómo se manifestó este principio en Corinto. Después de una apelación contra las divisiones internas (1 Corintios 1-4), Pablo pasa ahora a cuestiones relacionadas con la inmoralidad sexual, los pleitos, la prostitución, el matrimonio y la soltería (1 Corintios 5-7). Las normas del mundo les afectaban enormemente. El sectarismo descrito en 1 Corintios 1-4 abrió la puerta al comportamiento inmoral denunciado en los capítulos siguientes. ¿Cómo trata Pablo este pecado en la iglesia y qué lecciones podemos extraer de lo que escribió?
Comentarios Elena G.W
Pablo sintió que los requisitos del Señor deben ser obedecidos y sus juicios evitados. Como él, debemos esforzamos al máximo para tener la corona de la vida, que dará eterno honor a cada vencedor. No debemos contentamos con vivir vidas inútiles.
¿Qué es la humildad? Es ese sentimiento de pecaminosidad e indignidad que nos conduce al arrepentimiento. Necesitamos estar convencidos de la malignidad de una enfermedad antes de sentir la necesidad de ser curados. Aquellos que no captan la pecaminosidad del pecado no están en condiciones de apreciar el valor de la expiación y la necesidad de ser limpiados de todo pecado. El pecador se mide a sí mismo por sí mismo y por aquellos que, como él, son pecadores. No contempla la pureza y la santidad de Cristo. Pero, cuando la ley de Dios impone convicción a su corazón, dice con Pablo: “Y yo sin la ley vivía en un tiempo; pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí”. Romanos 7:9…
Dios creó al hombre para su gloria. No soportará, no puede soportar la presencia del pecado en su dominio. Si en la iglesia hay individuos que están pecando voluntariamente contra Dios, hay que echar mano de todo medio posible para llevarlos al arrepentimiento. Si no se hace esto se deshonra el nombre de Dios. Él es demasiado puro para aprobar la iniquidad…
El pecado de Adán podría ser considerado por las iglesias de hoy como un simple error, que debería ser perdonado inmediatamente y no pensarse más en él. Pero la norma de Dios es elevada y su Palabra inmutable, y por eso todas las prácticas egoístas y codiciosas son una abominación ante su vista. Los corazones de los creyentes necesitan ser purificados, santificados, refinados, ennoblecidos…
Miren hacia arriba, mis hermanos. ¿Ha perdido el evangelio su poder para impresionar los corazones? ¿Es debido a que la influencia regeneradora del Espíritu de Cristo ha muerto, que los corazones no son purificados, santificados y preparados por el Espíritu Santo? No, la espada del Espíritu, la Palabra del Dios viviente, está todavía con nosotros; pero debe ser esgrimida con ahínco. Usémosla como lo hicieron antaño los santos de Dios. Mediante su poder viviente y vivificante se abrirá camino a los corazones…
El Señor nos invita a realizar una reforma en nuestras vidas… Cuando la iglesia despierte se harán cambios decididos. Los hombres y las mujeres se convertirán y estarán de tal manera llenos del Espíritu de Dios que irán de país en país, de ciudad en ciudad, proclamando el mensaje de verdad. Con los corazones rebosando de ferviente amor por las almas abrirán sus Biblias y presentarán la Palabra, el “escrito está” (Alza tus ojos, 2 de enero, p. 14).