Lee 1 Corintios 9:1-6. ¿Cómo proporciona este pasaje un ejemplo práctico de lo que significa la abnegación resultante del amor?
A primera vista, parece que la defensa que Pablo hace de su apostolado en 1 Corintios 9 no tiene ninguna relación con la discusión anterior acerca del conocimiento y el amor. Sin embargo, no hay que olvidar que la Biblia no fue escrita originalmente en capítulos. Lo que Pablo enseña en 1 Corintios 9 no está desconectado del material anterior. De hecho, 1 Corintios 9 ofrece un ejemplo práctico de amor desinteresado por Cristo y por los hermanos. Pablo renunció a algunos de sus derechos por amor.
«Derecho a comer y beber» (1 Corintios 9:4). Aquí, la comida y la bebida representan la ayuda económica en general. Como apóstol, Pablo tenía derecho a recibir apoyo material de aquellos a quienes ministraba. Otros líderes religiosos de su época solían hacer precisamente eso. Pero, a diferencia de ellos, él se ganaba la vida fabricando tiendas de campaña (Hechos 18:3).
«Derecho a traer una esposa creyente» (1 Corintios 9:5). A un apóstol casado se le permitía realizar un viaje misionero con su esposa a expensas de la iglesia. Entre los ejemplos de parejas misioneras se encuentran Priscila y Aquila (Romanos 16:3), y, quizás, Andrónico y Junia (Romanos 16:7). Pero Pablo no estaba casado (1 Corintios 7:8). Podría haberse casado y haberse beneficiado del derecho a ir acompañado de una esposa con apoyo financiero para ambos.
«Obligados a realizar otros trabajos para sustentarnos» (1 Corintios 9:6). Pablo y Bernabé tenían derecho a ganar un salario por su trabajo misionero (1 Corintios 9:4-6). Pablo se ganaba la vida como fabricante de tiendas (Hechos 18:3), pero no sabemos cuál era la ocupación de Bernabé. Lo que sí sabemos es que era muy generoso (Hechos 4:36-37) y, por lo tanto, estaba dispuesto a mantenerse a sí mismo.
En 1 Corintios 9:7-11, Pablo desarrolla la idea de 1 Corintios 9:6 para mostrar que era justo que él y Bernabé fueran sostenidos económicamente por la iglesia (1 Corintios 9:11-12). El Señor mismo ordenó: «Los que anuncian el evangelio vivan del evangelio» (1 Corintios 9:14; comparar con 1 Timoteo 5:18). Sin embargo, Pablo dice: «No hemos usado de ese derecho» (1 Corintios 9:12). En consecuencia, Pablo se presenta a sí mismo como un ejemplo de abnegación (1 Corintios 9:1-18) y argumenta que esto es beneficioso para la predicación del evangelio en Corinto (1 Corintios 9:19-23).
¿Hay cosas que te corresponden, pero a las que sería mejor renunciar para ser un testigo más eficaz del Señor?
Comentarios Elena G.W
La Palabra de Dios nos enseña a ser amables, tiernos, compasivos y corteses. Cultivemos el amor cristiano. Lleve todo lo que hagamos el sello de este amor. Los que no hablan las palabras de Cristo ni hacen sus obras, tratan de entrar al cielo de otra manera y no por la puerta.
No traten de conservar su fría y poco cristiana dignidad. Esto no es religión; no es cristianismo. Lo que necesitan es la luz que resplandece en el rostro de Cristo para que los rostros de ustedes resplandezcan con la luz de su amor. Dejen a un lado su férrea dignidad. Dios no les pide que conserven semejante cosa. Llénense sus corazones con el amor de Cristo; entonces el rostro de ustedes brillará con una simpatía semejante a la de Cristo.
Hay quienes están atendiendo asuntos sagrados que no tienen fe en Dios ni en su poder. Multiplican sus esfuerzos para obtener la salvación mediante sus propios medios. ¡Cuán lamentables son sus vanos esfuerzos para justificarse y tratar de no perder pie en medio de la descendente corriente del mal! Son impotentes porque no confían en Dios…
Dios es la eterna e increada fuente de todo bien. Todos los que lo contemplan y confían en él lo descubren. A los que lo sirven aferrándose de él como de su Padre celestial, les asegura el cumplimiento de sus promesas. Su gozo se hallará en sus corazones, y alcanzará su plenitud (Cada día con Dios, 14 de septiembre, p. 264).
Las cualidades esenciales que todos debieran poseer son las que señalaron la plenitud del carácter de Cristo: su amor, su paciencia, su abnegación y su bondad. Estos atributos se obtienen al realizar actos bondadosos con corazón bondadoso… Los cristianos aman a los que los rodean como a almas preciosas por las cuales Cristo murió. No existe cosa tal como un cristiano carente de amor, porque “Dios es amor”, y “en esto sabemos que nosotros le hemos conocido, si guardamos sus mandamientos”… “Este es mi mandamiento: que os améis los unos a los otros, como yo os he amado”. Este es el fruto que debemos devolver a Dios.
El Señor nos ayudará a cada uno cuando más necesitemos ayuda en la gran obra de vencer el yo. Que la ley de bondad esté en vuestros labios y el aceite de la gracia en vuestro corazón. Esto producirá resultados maravillosos. Seréis tiernos, simpáticos y corteses. Necesitáis todas estas gracias. Debéis recibir el Espíritu Santo e incorporarlo en vuestro carácter; entonces será como un fuego santo que dará incienso que se elevará hasta Dios, no de labios que condenen, sino como un sanador de las almas de los hombres. Vuestro rostro expresará la imagen divina. Dios requiere que toda alma que está a su servicio encienda su incensario con los carbones del fuego sagrado. Hay que refrenar las palabras vulgares, severas y ásperas que emanan tan fácilmente de vuestros labios, y el Espíritu de Dios hablará mediante el ser humano. La contemplación del carácter de Cristo os transformará a su semejanza. Solo la gracia de Cristo puede cambiar vuestro corazón, y entonces reflejaréis la imagen del Señor Jesús. Dios os insta a que seáis como él: puros, santos e inmaculados. Hemos de llevar la imagen divina (Sons and Daughters of God, p. 102; parcialmente en Hijos e hijas de Dios, 5 de abril, p. 104).