«Todo para la gloria de Dios»
Lección 5, para el 31 de julio

«Todo para la gloria de Dios»

Todo lo que hacemos debe ser para la gloria de Dios. Pablo aborda temas como la idolatría, la libertad cristiana y la mayordomía del cuerpo, recordando que hemos sido comprados por precio.

«Todo para la gloria de Dios»

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Versículo clave
«Así, si comen, o beben, o hacen otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios»
1 Corintios 10:31

Lee para el estudio de esta semana

1 Corintios 8; Hechos 15:20; 1 Corintios 9:1-6; 10:5-22; Deuteronomio 6:4-5; Marcos 12:28-31.

Para memorizar
«Así, si comen, o beben, o hacen otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios» (1 Corintios 10:31).

Los capítulos 8 al 10 de 1 Corintios concluyen la discusión de los capítulos 5 y 6 acerca de la sexualidad y presenta al mismo tiempo las respuestas de Pablo a preguntas específicas formuladas en una carta que había recibido de los corintios (1 Corintios 7:1). Estas respuestas dominarán el resto de 1 Corintios.

El contenido y la naturaleza de 1 Corintios 7 indica que la inmoralidad sexual (caps. 5-7) y la idolatría (caps. 8-10) son temas relacionados. De hecho, a menudo son mencionados juntos en el Nuevo Testamento (ver Hechos 15:20, 29; 21:25; 1 Corintios 6:9; Efe. 5:5; Colosenses 3:5; Apocalipsis 21:8; 22:15).

En general, Pablo aborda el problema de la inmoralidad sexual en 1 Corintios 5 a 7, mientras que su principal preocupación en los capítulos 8 a 10 es la cuestión de la idolatría. El apóstol afirma que los cristianos deben huir de ambas (1 Corintios 6:18; 10:14).

La semana pasada vimos que el cristiano puede evitar la inmoralidad sexual pues es templo del Espíritu Santo (1 Corintios 6:19-20). Esta semana veremos que también puede huir de la idolatría al hacer «todo para la gloria de Dios» (1 Corintios 10:31).

Comentarios Elena G.W

Por medio de Cristo había de revelarse la gloria oculta del santísimo. Había sufrido la muerte por cada hombre, y por esta ofrenda, los hijos de los hombres llegarían a ser hijos de Dios. Cara a cara, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, los creyentes en Cristo serían mudados de gloria en gloria, a su misma imagen. El propiciatorio [trono de la gracia], sobre el cual descansaba la gloria de Dios en el santísimo, está abierto a todos aquellos que acepten a Cristo como propiciación por el pecado, y que por su medio se pongan en comunión con Dios. El velo está rasgado, derribado el muro de separación, cancelada la cédula de los ritos. La enemistad queda abolida en virtud de su sangre. Por medio de la fe en Cristo, el judío y el gentil pueden participar del Pan de vida.

La sencilla historia de la cruz de Cristo, su sufrimiento y muerte por el mundo, su resurrección y ascensión, su mediación en favor del pecador ante el Padre, subyuga y quebranta el duro corazón pecaminoso, e induce al arrepentimiento al pecador. El Espíritu Santo pone el problema bajo una nueva luz, y el pecador comprende que el pecado debe ser un mal tremendo ya que cuesta tal sacrificio expiarlo… ¡Cuán gravoso debe ser el pecado puesto que no se pudo emplear un remedio menor que la muerte del Hijo de Dios para salvar al hombre de sus consecuencias! ¿Por qué fue hecho esto en favor del hombre? Se debe a que Dios lo ama, y a que no quiere que nadie perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento, crean en Jesús como en un Salvador personal, y tengan vida eterna (Hijos e hijas de Dios, 9 de agosto, p. 230).

El Espíritu Santo, como agente, no nos privará de la necesidad de ejercer todas las facultades y cada talento. En cambio, nos enseñará a utilizar todos los dones para la gloria de Dios. Cuando dichas virtudes estén bajo la gracia divina, su poseedor se pondrá en condiciones de utilizarlos para los mejores propósitos que existan en esta vida. La ignorancia no puede estimular ni la humildad ni la espiritualidad de ningún profeso seguidor de Cristo. Las verdades de la Palabra de Dios serán mejor apreciadas por un intelectual que sea creyente sincero. Cristo puede ser mejor glorificado por los que le sirven con inteligencia. El gran propósito de la educación es capacitarnos para utilizar las facultades que Dios nos ha concedido a fin de que podamos representar como corresponde la religión de la Biblia, y para promover la gloria de Dios (Recibiréis poder, 17 de mayo, p. 148).

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