Resulta inspirador que al final de 2 Corintios, así como en su comienzo, veamos una referencia a la gracia de Jesús (2 Corintios 1:2; 13:13). Como vimos al comienzo de este trimestre, Pablo no podía dejar de pensar y hablar de Jesús.
«Porque ya conocen la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a ustedes se hizo pobre, siendo rico; para que ustedes fuesen enriquecidos con su pobreza» (2 Corintios 8:9).
Cuán admirable es la gracia de Jesús. Dejó las riquezas de su existencia eterna en el cielo para hacerse pobre. Caminó por los polvorientos caminos de la antigua Galilea. «Se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz» (Filipenses 2:8). Lo hizo para enriquecernos; es decir, para que tuviéramos la oportunidad de estar con él en el cielo. Para nosotros, que solo hemos conocido un mundo de pecado, muerte y sufrimiento, es difícil siquiera empezar a comprender lo que significó para Jesús abandonar el cielo para venir aquí y ofrecer su vida por nosotros.
Lee Romanos 16:20, Gálatas 6:18, Filipenses 4:23 y 1 Tesalonicenses 5:28. ¿Qué enseñanza importante ves en estos pasajes?
Pablo se refiere muy a menudo a la gracia de Jesús en sus Cartas. Algunas perlas incluyen: «Se derramaron la gracia y el don sobre los muchos por la gracia de [...] Jesucristo» (Romanos 5:15). Aquellos que reciben esta abundante gracia «reinarán en vida [...] por Jesucristo» (Romanos 5:17). Al igual que en 2 Corintios, Pablo también comienza y termina otras Cartas mencionando la gracia de Jesús (Romanos 1:7; 16:20; 1 Corintios 1:3; 16:23; Gálatas 1:3; 6:18; Filipenses 1:2; 4:23). Este tema ocupaba sus pensamientos y quería que también llenara la mente de los corintios.
Ese era su deseo para todas las iglesias. Observa lo que dice a los efesios: «La gracia sea con todos los que aman a nuestro Señor Jesucristo con amor inalterable» (Efe. 6:24). Si estuviera entre nosotros, Pablo sin duda desearía que también nosotros amáramos a Jesús con un amor eterno. Podemos estar seguros de eso porque su deseo era que la gracia de Jesús llegara «a más y más personas» (2 Corintios 4:15, NVI) y fuera suficiente para ellas, tal como lo fue para él (2 Corintios 12:9).
Piensa en la gracia de la que Dios te ha hecho inmerecidamente objeto a pesar de tus palabras y acciones.
Comentarios Elena G.W
La fuerza viene como resultado del ejercicio. Todos los que usan la habilidad que Dios les ha dado tendrán capacidad aumentada que dedicar a su servicio. Los que no hacen nada en la causa de Dios dejarán de crecer en la gracia y el conocimiento de la verdad. El hombre que permanezca echado y rehúse ejercitar sus miembros, pronto perderá toda posibilidad de usarlos. De este modo, el cristiano que no ejercita las facultades que Dios le ha dado, no solo deja de crecer en Cristo, sino que pierde la fortaleza que ya tenía; se convierte en un paralítico espiritual. Los que por amor a Dios y a sus semejantes luchan para ayudar a los demás se afirman, fortalecen, y arraigan en la verdad. El verdadero cristiano obra para Dios no por impulso, sino por principio; no por un día o un mes, sino por toda la vida.
Este mundo no es un campo de desfile, sino de batalla. Todos son llamados a soportar las dificultades como buenos soldados. Deben ser fuertes y conducirse como hombres… La verdadera prueba del carácter se encuentra en la disposición a llevar cargas, ocupar el puesto difícil, hacer lo que necesita ser hecho, aunque no reporte reconocimiento ni recompensa terrenal.
¡Oh, que cada cual aprecie adecuadamente las facultades que le ha confiado Dios! Por medio de Cristo podréis ascender la escalera del progreso, y poner toda facultad bajo el dominio de Jesús… No podéis hacer nada por vuestra propia fortaleza; pero en la gracia de Jesucristo, podéis emplear de tal modo vuestro poder que lleguéis a traer el mayor bien a vuestra propia alma, y la mayor bendición a las almas de los demás. Aferraos de Jesús, y obraréis diligentemente las obras de Cristo, y recibiréis finalmente la recompensa eterna (La maravillosa gracia de Dios, 25 de octubre, p. 306).
El soldado de Cristo debe hacer frente a muchas formas de tentación, resistirlas y vencerlas. Mientras más fiero sea el conflicto, mayor provisión de gracia se requerirá para hacer frente a la necesidad del alma… El verdadero cristiano comprenderá lo que significa pasar por serios conflictos y por pruebas; pero crecerá firme y constantemente en la gracia de Cristo para hacer frente con buen éxito al enemigo de su alma… Por momentos las tinieblas le oprimirán el alma; pero la luz verdadera resplandecerá, los brillantes rayos del Sol de justicia disiparán la oscuridad; y… por medio de la gracia de Cristo será capacitado para ser un fiel testigo de las cosas que ha escuchado del inspirado mensajero de Dios… Al comunicar de este modo la verdad a otros, el obrero de Cristo obtendrá una visión más clara de las abundantes provisiones hechas a todos, de la suficiencia de la gracia de Cristo para toda ocasión de conflicto, pesar y prueba. Mediante el misterioso plan de redención, se ha provisto gracia de modo que la obra imperfecta del instrumento humano pueda ser aceptada en el nombre de Jesús, nuestro Abogado.
El hombre tiene poco poder, y puede llevar a cabo solo una tarea pequeña en el mejor de los casos… Dios es omnipotente, y en cada ocasión en que necesitemos ayuda divina y la busquemos con sinceridad, la recibiremos. Dios ha prometido en su palabra que su gracia te será suficiente en tu mayor necesidad, en tu más profunda angustia. Cristo será tu ayuda presente si te apropias de su gracia (God’s Amazing Grace, p. 260; parcialmente en La maravillosa gracia de Dios, p. 260).