Gracia, amor y comunión
Lección 13, para el 25 de septiembre

Gracia, amor y comunión

Pablo cierra sus cartas con un llamado a la gracia, el amor y la comunión. La iglesia es llamada a vivir en armonía, fortalecerse mutuamente y mantenerse firme en la fe.

El amor de Dios

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«La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos ustedes» (2 Corintios 13:13). Pablo termina su segunda Carta con este versículo. Nota que menciona a las tres personas de la Trinidad en este orden: Hijo, Padre y Espíritu Santo. A través de la obra de los tres podemos comprender mejor cómo es Dios y lo que ha hecho por nosotros.

Lee Juan 3:16-17, Romanos 8:37-39 y 1 Juan 4:8-11. ¿Qué nos dicen estos pasajes acerca del amor de Dios?

El conocido versículo de 1 Juan 4:8 dice que «Dios es amor». El amor es un atributo esencial de la Deidad. Jesús destaca el hecho de que Dios demostró su amor al dar a su único Hijo para que muriera por nosotros (Juan 3:16). Él envió a Jesús en una misión de rescate (Juan 3:17), y esto era parte del proyecto de salvación (Hechos 3:20-21; 1 Juan 4:10, 14). Jesús afirmó varias veces en los evangelios que el Padre lo envió (Mateo 10:40; Marcos 9:37).

En una declaración notable, Pablo dice: «Dios demuestra su amor hacia nosotros en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros» (Romanos 5:8). Podemos vislumbrar el amor de Dios en la dulce relación existente entre los cónyuges, entre padres e hijos, en las amistades sinceras, etc. La naturaleza también da testimonio de ese amor. Respecto de esto, Elena G. de White dice: «“Dios es amor” está escrito en cada capullo de flor que se abre, en cada tallo de la hierba que crece. Las lindas avecillas que llenan el aire de melodías con sus dulces trinos, las flores exquisitamente matizadas que en su perfección perfuman el ambiente, los imponentes árboles del bosque con su rico follaje de esplendoroso verdor; todo ello atestigua el tierno y paternal cuidado de nuestro Dios y de su deseo de hacer felices a sus hijos» (Elena G. de White, El camino a Cristo, p. 15).

Sin embargo, nada es más convincente que el hecho de que Dios haya entregado a Jesús como sacrificio por nuestros pecados. Cuando comprendemos que Dios nos amó hasta el punto de enviar a Jesús para que diera su vida por nosotros, nuestra respuesta es la disposición a «dar nuestra vida por los hermanos» (1 Juan 3:16).

Pablo quería que los corintios vivieran en unidad, pero no es posible sin amor. Por eso les enseñó que «el amor edifica» (1 Corintios 8:1) y que todo es inútil y vacío donde no lo hay (1 Corintios 13:1-3). Por lo tanto, todo debe ser hecho con amor (1 Corintios 16:14), un amor que es una extensión del de Dios.

¿Qué perderíamos en el evangelio si Jesús mismo no fuera plena y eternamente Dios?

Comentarios Elena G.W

Debiera manifestarse gratitud y alabanza a Dios por las bendiciones temporales y por todo consuelo que nos conceda. Dios desea que toda familia que se está preparando para habitar en las mansiones celestes, le dé gloria por los ricos tesoros de su gracia. Si los niños, en la vida de hogar, fueran educados y preparados para ser agradecidos al Dador de todo bien, veríamos manifestarse la gracia celestial en nuestras familias. Se vería alegría en la vida de hogar, y al proceder de tales hogares, los jóvenes llevarán con ellos un espíritu de respeto y reverencia al aula y a la iglesia. Habrá atención en el Santuario donde Dios se reúne con su pueblo, reverencia por todos los servicios del culto, y se ofrecerán alabanzas y acción de gracias por todos los dones de su providencia…

Toda bendición temporal será recibida con gratitud, y toda bendición espiritual llegará a ser doblemente preciosa debido a que la percepción de tal miembro del hogar, se ha santificado por la Palabra de verdad. El Señor Jesús está muy cerca de aquellos que aprecian de ese modo sus dones de gracia, que descubren el origen de todos sus bienes en un Dios benevolente, amante y cuidadoso, y que reconocen en él a la gran Fuente de toda consolación, la vertiente inagotable de la gracia.

Si expresáramos más nuestra fe y nos regocijáramos más en las bendiciones que sabemos que tenemos —la gran merced y amor de Dios—, tendríamos más fe y mayor gozo. Ninguna lengua puede expresar, ninguna mente finita puede concebir, la bendición que resulta de la apreciación de la bondad y el amor de Dios. Aun en la tierra podemos tener gozo como vertiente, que nunca deja de fluir, porque se alimenta de la corriente que surge del trono de Dios (Dios nos cuida, 13 de enero, p. 21).

Dios es amor. Dio evidencia de ese amor en el don de su Hijo unigénito. Sin embargo, el amor de Dios no excusa el pecado. Dios no excusó el pecado de Satanás, de Adán, ni de Caín, ni lo excusará en ninguno de los hijos del hombre. La naturaleza pervertida del ser humano puede distorsionar el amor de Dios y hacerlo aparecer un atributo de debilidad; pero la luz brilla desde la cruz del Calvario para que el hombre pueda corregir sus conceptos y adoptar teorías que no estén pervertidas…

La verdad como es en Jesús enseña lecciones de importancia vital. Demuestra que el amor de Dios es amplio y profundo; que es infinito; y que será inflexible al determinar el castigo de los desobedientes, es decir, de los que han hecho nula la ley de Dios. En esto se combinan el amor y la justicia de Dios, quien se inclinó hasta las mismas profundidades de la miseria y la degradación humanas, para rescatar a los caídos y oprimidos que se asen de la verdad mediante el arrepentimiento y la fe en Jesús (Exaltad a Jesús, 24 de mayo, p. 152).

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