En el antiguo mundo pagano, la gente no creía que los dioses amaran a los seres humanos. Por el contrario, las deidades eran malévolas y furiosas, y debían ser apaciguadas. La idea de un Dios de amor, tal y como la vemos en la Biblia, era entonces una novedad. Por sorprendente que fuera esta afirmación en su época, Pablo caracteriza a nuestro Dios como «el Dios de paz y de amor» (2 Corintios 13:11).
Lee 2 Corintios 13:11. ¿Cómo puedes obtener esperanza de lo que se dice aquí? ¿Cómo puedes experimentar mejor lo que enseña?
La expresión «el Dios de paz y de amor» puede ser interpretada de dos maneras. Por un lado, Dios es la fuente del amor y la paz. Por otro, Dios se caracteriza por el amor y la paz. Sin embargo, no es necesario decidir entre las dos. Debido a que el amor y la paz son características intrínsecas de Dios, él nos otorga amor y paz.
En otro lugar, Pablo se refiere a Dios como «el Dios de la paciencia y el consuelo» (Romanos 15:5); «de la esperanza» (Romanos 15:13); «de paz» (Romanos 15:33; 16:20; 1 Corintios 14:33; Filipenses 4:9; 1 Tesalonicenses 5:23), «Padre de compasión» (2 Corintios 1:3) y «Dios de todo consuelo» (2 Corintios 1:3). Dios es la fuente de todas estas bendiciones. Él nos las concede por su amor inquebrantable.
Además, aunque la expresión «Dios de paz» es bastante común en la Biblia, la expresión «Dios [...] de amor» solo aparece aquí (2 Corintios 13:11) y, por lo tanto, merece nuestra más profunda reflexión.
Como han señalado muchos intérpretes, la referencia de Pablo al Dios de amor unos versículos antes de la bendición trinitaria en 2 Corintios 13:13 sugiere que él concibe a la Deidad como integrada por tres personas. «Aunque aquí utiliza la palabra “Dios” en referencia a uno de los tres, su comprensión de Jesús y del Espíritu en otras partes de sus Cartas [...] nos obliga a ver toda la frase como una descripción del único Dios que la iglesia primitiva llegó a ver en forma trina. Pasaría más de un siglo antes de que los teólogos [...] comenzaran a utilizar palabras como “trinidad” como una forma abreviada de expresar lo que Pablo ya estaba articulando» (Tom Wright, 2 Corinthians [Londres: SPCK, 2004], p. 148).
Creemos en un solo Dios; es decir, en la unidad de tres personas que viven eternamente en una relación de amor. Este Dios trino nos ama y nos llama a amarnos unos a otros de una manera que refleje el amor que existe entre ellos.
Comentarios Elena G.W
Aunque ascendió a la presencia de Dios y comparte el trono del universo, Jesús no ha perdido nada de su naturaleza compasiva. Hoy el mismo tierno y simpatizante corazón está abierto a todos los pesares de la humanidad. Hoy las manos que fueron horadadas se extienden para bendecir abundantemente a su pueblo que está en el mundo…
En todas nuestras pruebas, tenemos un Ayudador que nunca nos falta. Él no nos deja solos para que luchemos con la tentación, batallemos contra el mal, y seamos finalmente aplastados por las cargas y tristezas. Aunque ahora esté oculto para los ojos mortales, el oído de la fe puede oír su voz que dice: No temas; yo estoy contigo. Yo soy “el que vivo, y he sido muerto; y he aquí que vivo por siglos de siglos”. Apocalipsis 1:18.
Los que expulsan la iniquidad de sus corazones y extienden las manos en ferviente súplica a Dios, recibirán la ayuda que solo Dios puede darles. Se ha pagado un rescate por las almas de los hombres, para que pudieran tener la oportunidad de escapar de la esclavitud del pecado y obtener perdón, pureza y el cielo. Los que frecuentan el trono de la gracia, para ofrecer peticiones sinceras y fervientes en procura de sabiduría y poder divinos, no dejarán de ser siervos de Cristo activos y útiles. Puede ser que no posean grandes talentos, pero con humildad de corazón y firme confianza en Jesús podrán hacer una buena obra al traer almas a Cristo…
Miles tienen falsos conceptos de Dios y sus atributos… Dios es un Dios de verdad. Justicia y misericordia son los atributos de su trono. Es un Dios de amor, de piedad y tierna compasión. Así está representado en su Hijo, nuestro Salvador. Es un Dios de paciencia y longanimidad. Si el Ser a quien adoramos y cuyo carácter tratamos de asimilar tiene estas características, estamos adorando al verdadero Dios.
Si seguimos a Cristo, sus méritos, que nos son imputados, ascienden ante el Padre como dulce perfume. Y las gracias del carácter del Salvador sembrados en nuestros corazones, derramarán a nuestro alrededor una fragancia preciosa (La maravillosa gracia de Dios, 10 de marzo, p. 77).
Cristo vino para revelar a Dios ante el mundo como un Dios de amor, de misericordia, ternura y compasión. El Redentor del mundo despejó las densas tinieblas con las que Satanás había recubierto el trono de la Deidad, y otra vez el Padre fue manifestado a los hombres como la Luz de la vida…
Cristo se apena al ver a hombres tan absortos por los cuidados terrenales y las perplejidades de sus negocios que no tienen tiempo para conocer a Dios. Para ellos el cielo es un lugar extraño pues lo han eliminado de su cómputo. No estando familiarizados con las cosas celestiales, se cansan de oír hablar de ellas. No les gusta que se turbe su mente debido a su necesidad de salvación. Pero el Señor desea turbar su mente para que puedan conocerlo mejor en el tiempo en que les ofrece su salvación (En los lugares celestiales, 2 de enero, p. 10).