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Josué apunta como tipo o modelo más allá del ministerio de Jesucristo hacia un cumplimiento en la vida de la iglesia, el cuerpo de Cristo. Las Guerras de Josué y la Lucha de la Iglesia ¿En qué sentido las guerras libradas por Israel bajo Josué prefiguran las luchas espirituales de la Iglesia? ¿En qué se diferencian? Ver: 1 Tim. 1: 18; 2 Tim. 4: 7; Efe. 6: 10-12; 2 Cor. 10: 3-5; Hech. 20: 32.
Los escritores del Nuevo Testamento reconocen el cumplimiento eclesiológico (relativo a la iglesia) de la tipología de Josué. Los miembros del cuerpo de Cristo, la iglesia, participan en una guerra espiritual contra las fuerzas del mal; no obstante, disfrutan del reposo de la gracia de Dios ( Heb. 4: 9-11) y de las bendiciones de su herencia espiritual.
¿Qué dicen estos textos acerca del cumplimiento final de la tipología de Josué? 1 Ped. 1: 4; Col. 3: 24; Apoc. 20: 9; 21: 3.
El cumplimiento final y completo de la tipología de Josué ocurrirá en ocasión de la segunda venida de Jesucristo (aspecto apocalíptico/escatológico de la tipología).
La vida de Josué reflejaba a tal punto el carácter de Dios que ciertos aspectos de ella adquirieron un carácter profético que presagiaba la actividad y la persona del Mesías.
Desde nuestra perspectiva histórica, el Mesías ya ha venido. Su ministerio no necesita ser prefigurado, pero seguimos teniendo el privilegio de reflejar su carácter: la gloria que Cristo anhelaba compartir con sus discípulos (Juan 17: 22) y que puede llegar a ser nuestra si contemplamos el carácter de Cristo (2 Cor. 3: 18). Cuanto más contemplamos a Jesús, más reflejamos la belleza de su carácter. Esto es fundamental en nuestro caminar diario con Cristo. Por eso es tan importante dedicar tiempo al estudio diario de la Palabra y a reflexionar acerca de la vida, el carácter y las enseñanzas de Jesús. Somos transformados por la contemplación.
Josué, el tipo o modelo, preguntó a los israelitas: **«¿Hasta cuándo serán negligentes para ir a tomar posesión de la tierra que les dio el Señor, Dios de sus padres?»** ( Jos. 18: 3 ). ¿Cómo formularía hoy esa pregunta Jesús, el antitipo de Josué?
**Jesús es nuestro Abogado, nuestro Sumo Sacerdote, nuestro Intercesor.** Nuestra posición es como la de los israelitas durante el día de la expiación. Cuando el sumo sacerdote entraba en el Lugar Santísimo, que representaba el lugar donde nuestro Sumo Sacerdote intercede en la actualidad, y rociaba la sangre expiatoria sobre el asiento de la misericordia, afuera no se ofrecía ningún sacrificio propiciatorio. Mientras el sacerdote intercedía delante de Dios, cada corazón debía inclinarse contrito y suplicar el perdón de sus transgresiones.
En la muerte de Cristo, el Cordero inmolado por los pecados del mundo, el símbolo se encontró con la realidad. Nuestro gran Sumo Sacerdote fue constituido en el único sacrificio de valor para nuestra salvación. Al ofrecerse sobre la cruz, se realizó una expiación perfecta por los pecados de los seres humanos. Actualmente nos encontramos en el atrio exterior, aguardando la bendita esperanza de la aparición gloriosa de nuestro Salvador y Señor Jesucristo. Afuera no se ha de ofrecer sacrificio alguno, porque el gran Sumo Sacerdote está llevando a cabo su obra en el Lugar Santísimo. Durante su intercesión como abogado nuestro, **Cristo no necesita ninguna virtud humana ni mediación de nadie.** Él es el único portador del pecado, la única ofrenda por el pecado. **La oración y la confesión deben dirigirse solo a él**, quien entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo. Salvará hasta lo sumo a todos los que acuden a él con fe. Él vive constantemente para interceder por nosotros…
El intelecto más poderoso que se haya creado es incapaz de comprender a Dios; la lengua más elocuente es incapaz de describirlo… Los seres humanos tienen un solo Abogado, un Intercesor capaz de perdonar sus transgresiones. ¿No rebosarán nuestros corazones de gratitud hacia Aquel que dio a Jesús para que fuera la propiciación por nuestros pecados? Mediten profundamente acerca del amor que el Padre ha manifestado en nuestro favor, el amor que ha expresado por nosotros. Ese amor no lo podemos medir, porque para él no hay medida. ¿Acaso se puede medir lo infinito? Lo único que podemos hacer es apuntar hacia el Calvario, al Cordero inmolado desde la fundación del mundo…
**Ningún otro ser humano tiene lugar entre el pecador y Cristo… El mismo Cristo es nuestro Abogado.** Todo lo que el Padre es para su Hijo lo es también para aquellos a quienes su Hijo representa en su humanidad. En cada aspecto de su obra, Cristo actuó como un representante de su Padre. Vivió como sustituto y garante nuestro. Trabajó como espera que trabajen sus seguidores: sin ningún egoísmo y apreciando el valor de cada ser humano por quien él sufrió y murió (Exaltad a Jesús, 1º de noviembre, p. 313).
Juan 8:54-58 |