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A la luz de la tipología bíblica, ¿qué significa el paralelismo existente entre la experiencia de Moisés y la de Josué? Ver Éxo. 3: 1, 2; Jos. 1: 1-3; Núm. 13: 1, 2; Jos. 2: 1; Éxo. 3: 5; Jos. 5: 15.
Como descubrimos la primera semana, **Josué se presenta como un nuevo Moisés** que repite los pasos más significativos del Éxodo de Egipto en la vida de la segunda generación. Al igual que Moisés, es llamado a cumplir una misión mediante un encuentro personal con el Señor. Bajo el liderazgo de ambos, el renombre de Israel inspira temor entre las naciones. Moisés lidera a Israel en el cruce del Mar Rojo, mientras que Josué lo hace en el cruce milagroso del Jordán. A ambos líderes se les recuerda la necesidad de la circuncisión y la importancia de la Pascua. El maná comienza a caer en tiempos de Moisés y termina con Josué. A ambos se les ordena quitarse el calzado. La mano extendida de ambos señala la victoria de Israel. Moisés da instrucciones para la distribución de la tierra y la institución de ciudades de refugio. Josué cumple esas instrucciones. Ambos dirigen un discurso de despedida a la nación y renuevan el pacto entre Dios y el pueblo al final de su ministerio.
Estudia Deuteronomio 18: 15-19; 34: 10-12; Juan 1: 21; Hechos 3: 22-26 y 7: 37. ¿Quién cumplió la profecía de Moisés acerca de un profeta como él? ¿Cómo encaja Josué en el cuadro?
La vida de Josué fue un **cumplimiento parcial** de la profecía hecha por Moisés (Deut. 18: 15, 18). Sin embargo, esa profecía no tuvo su cumplimiento pleno en Josué, pues ella solo podía ser cumplida por el **Mesías**. Él conocía íntimamente al Padre (Juan 1: 14, 18); era veraz y revelaba fielmente a Dios (Mat. 22: 16; Luc. 10: 22; Juan 14: 6), quien, en efecto, puso sus palabras en labios de Jesús (Juan 14: 24). En consecuencia, tanto la vida de Moisés como la de Josué se convirtieron en **tipos de Jesús**, el Mesías venidero.
¿Qué importancia tiene Jesús en tu caminar con el Señor? ¿Por qué debe ser él y lo que hizo por ti el fundamento de toda tu experiencia cristiana?
Cuarenta días con sus noches permaneció Moisés en el monte, y todo este tiempo, como la primera vez, fue milagrosamente sustentado. No se permitió a nadie subir con él, ni durante el tiempo de su ausencia había de acercarse nadie al monte. Siguiendo la orden de Dios, había preparado dos tablas de piedra y las había llevado consigo a la cúspide del monte; y el Señor otra vez “escribió en tablas las palabras de la alianza, las diez palabras”.
Durante el largo tiempo que Moisés pasó en comunión con Dios, su rostro había reflejado la gloria de la presencia divina. Sin que él lo supiera, cuando descendió del monte, **su rostro resplandecía con una luz deslumbrante**. Ese mismo fulgor iluminó el rostro de Esteban cuando fue llevado ante sus jueces; “entonces todos los que estaban sentados en el concilio, puestos los ojos en él, vieron su rostro como el rostro de un ángel”. Hechos 6:15. Tanto Aarón como el pueblo se apartaron de Moisés, “y tuvieron miedo de llegarse a él”. Viendo su terror y confusión, pero ignorando la causa, los instó a que se acercaran…
Mediante este resplandor, Dios trató de hacer comprender a Israel el carácter santo y exaltado de su ley, y **la gloria del evangelio revelado mediante Cristo**. Mientras Moisés estaba en el monte, Dios le dio, no solo las tablas de la ley, sino también el plan de la salvación. Vio que todos los símbolos y tipos de la época judaica prefiguraban el sacrificio de Cristo; y era tanto la luz celestial que brota del Calvario como la gloria de la ley de Dios, lo que hacía fulgurar el rostro de Moisés. Aquella divina iluminación era un símbolo de la gloria del pacto del cual Moisés era el mediador visible, el representante del único Intercesor verdadero…
Moisés fue un **símbolo de Cristo**. Como intercesor de Israel, veló su rostro, porque el pueblo no soportaba la visión de su gloria; asimismo Cristo, el divino Mediador, veló su divinidad con la humanidad cuando vino a la tierra. Si hubiera venido revestido del resplandor del cielo, no hubiera hallado acceso a los corazones de los hombres, debido al estado pecaminoso de estos. No habrían podido soportar la gloria de su presencia. Por lo tanto, se humilló a sí mismo, tomando la “semejanza de carne de pecado” (Romanos 8:3), para poder alcanzar y elevar a la raza caída (Historia de los patriarcas y profetas, pp. 340, 341).
Moisés fue un tipo o figura de Cristo… Dios tuvo a bien disciplinar a Moisés en la escuela de la aflicción y la pobreza, antes de que estuviera preparado para conducir las huestes de Israel hacia la Canaán terrenal. El Israel de Dios, que viaja hacia la Canaán celestial, tiene un Capitán que no necesitó enseñanzas humanas que le prepararan para su misión de conductor divino; no obstante **fue perfeccionado por el sufrimiento**; “porque en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados”. Hebreos 2:10, 18. Nuestro Redentor no manifestó las imperfecciones ni las debilidades humanas; pero murió a fin de obtener nuestro derecho a entrar en la tierra prometida (Historia de los patriarcas y profetas, pp. 512, 513).
Juan 8:54-58 |