Unidad en Cristo
Lección 3, para el 17 de julio

Unidad en Cristo

Pablo ruega a los corintios que no haya divisiones entre ellos. La unidad en Cristo es fundamental para la iglesia, y cualquier forma de sectarismo o división contradice el evangelio de la cruz.

El problema de los grupos cerrados en la iglesia

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La exhortación de Pablo a que «no haya entre ustedes divisiones. Antes, estén perfectamente unidos en una misma mente y un mismo parecer» (1 Corintios 1:10) domina los cuatro primeros capítulos de 1 Corintios. De hecho, la mayoría de los eruditos coinciden en que la unidad es el tema general que une todas las partes de la Carta.

Lee 1 Corintios 1:12-17. ¿Cómo nos ayuda este pasaje a comprender cuán absurdo es formar grupos en torno a los líderes locales? ¿Cuál es la solución de Pablo?

Pablo emplea palabras severas para describir la falta de unidad entre los miembros de la iglesia de Corinto. Utiliza los términos griegos _sjisma_ («división», 1 Corintios 1:10) y _eris_ («contienda», 1 Corintios 1:11). El sustantivo _sjisma_ (así como el verbo _sjizō_, que significa «dividir») es utilizado en otras partes del Nuevo Testamento para describir las diferencias de opinión que dan lugar a facciones. A su vez, el sustantivo _eris_ aparece con frecuencia en las listas de conductas impropias que los cristianos deben evitar.

Lee Romanos 1:29; 13:13; 1 Corintios 3:3; 2 Corintios 12:20; Gálatas 5:20. ¿Qué otros pecados son enumerados junto con el de la contienda? ¿Qué nos dice esto acerca de cuán malo es eso?

Los desacuerdos en la iglesia de Corinto salieron a la luz, incluso en forma de demandas judiciales entre unos y otros (1 Corintios 6:1-3). «Para avergonzarlos lo digo», afirma Pablo (1 Corintios 6:5) acerca de estas demandas entre los miembros de la iglesia. De hecho, ni siquiera dejaron a un lado sus diferencias cuando celebraban la Cena del Señor (1 Corintios 11:17-22).

El problema de la falta de unidad entre los miembros de la iglesia es tan aterrador, y Pablo está tan preocupado por ello, que este es el primer tema que aborda en su Carta a los Corintios

Lee nuevamente 1 Corintios 1:12-27. Luego reflexiona acerca de cómo este pasaje nos ayuda a comprender por qué los grupos o facciones son tan peligrosos para la unidad de la iglesia. ¿Qué puede hacer tu iglesia local para evitar este problema?

Comentarios Elena G.W

La oración solemne y ferviente de Cristo… se extiende por los siglos y llega hasta nuestro tiempo. ¡Qué posición es esta para el hombre caído, alcanzar mediante la obediencia, la unidad con Dios a través de Jesucristo! ¡A qué alturas se nos permite elevarnos si queremos considerar la recompensa del premio! Recibiremos poder de Dios para que la naturaleza humana, bajo la obra divina, no siempre esté pervertida y no siempre esté bajo la influencia depravadora y corruptora del pecado. La naturaleza humana, a través de Jesucristo, se alía con los ángeles —sí, y aun con el gran Dios.

Aquellos que están verdaderamente relacionados con Dios no estarán en discrepancia unos con otros… Su Espíritu gobernando en sus corazones, creará armonía, amor y unidad. Lo opuesto a esto obra en los hijos de Satanás; en ellos hay una continua contradicción. Luchas, envidia y celos son los elementos imperantes. La característica del cristiano es la humildad de Cristo. La benevolencia, la bondad, la misericordia y el amor se originan en la Sabiduría Infinita, mientras lo opuesto es el fruto no santificado del corazón que no está en armonía con Jesucristo… En la unión está la fuerza. En la división hay debilidad y derrota.

El argumento más convincente de la misión de Cristo que podemos dar al mundo, debe encontrarse en la perfecta unidad… Nuestro poder para salvar las almas estará en proporción con nuestra unidad con Cristo.

Si alcanzamos la norma de la perfección, nuestros rasgos peculiares de disposición deben ser moldeados en armonía con la voluntad de Cristo. Entonces nos sentaremos juntos en los lugares celestiales en Cristo. Los hermanos trabajarán juntos sin un pensamiento de desacuerdo. Cuando se insiste en las pequeñas diferencias, esto conduce a acciones que destruyen el compañerismo cristiano… Mantengámonos acercándonos a Dios, y él se acercará a nosotros. Entonces, como uno, nos elevaremos hacia él. Las iglesias serán como jardines del Señor, bajo su cultivo. El pueblo de Dios será como árboles de justicia, plantados por el Señor y regados por el río de la vida (Nuestra elevada vocación, 13 de junio, p. 172).

La cadena áurea del amor, que vincula los corazones de los creyentes en unidad, con lazos de compañerismo y amor, y en unión con Cristo y el Padre, establece la perfecta conexión y da al mundo un testimonio del poder del cristianismo que no puede ser controvertido…

Satanás comprende el poder de tal testimonio ante el mundo, y cuánto puede hacer en transformar el carácter… Pondrá en práctica cualquier medio concebible para romper esa cadena áurea que une corazón con corazón de los que creen la verdad y los une en íntima relación con el Padre y el Hijo.

Los que nunca experimentaron el tierno y persuasivo amor de Cristo, no pueden guiar a otros a la fuente de la vida. Su amor en el corazón es un poder competente, que induce a los hombres a revelarlo en su conversación, por un espíritu tierno y compasivo, y en la elevación de las vidas de aquellos con quienes se asocian…

En el corazón que ha sido renovado por la gracia divina, el amor es el principio dominante de acción. Modifica el carácter, gobierna los impulsos, controla las pasiones, y ennoblece los afectos. Ese amor, cuando uno lo alberga en el alma, endulza la vida, y esparce una influencia ennoblecedora en su derredor.

El que ama a Dios sobre todas las cosas y a su prójimo como a sí mismo, trabajará comprendiendo constantemente que es un espectáculo al mundo, a los ángeles y a los hombres. Haciendo suya la voluntad de Dios, revelará en su vida el poder transformador de la gracia de Cristo. En todas las circunstancias de la vida, tomará el ejemplo de Cristo como guía.

Todo leal y abnegado obrero de Dios tiene la disposición de gastar y ser gastado por causa de otros… Mediante esfuerzos fervientes y reflexivos para ayudar donde sea necesario, el verdadero cristiano muestra su amor a Dios y a sus prójimos. Quizá pierda su vida en el servicio. Pero cuando venga Cristo para reunir sus joyas, la encontrará otra vez (La maravillosa gracia de Dios, 17 de agosto, p. 237).

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