Unidad en Cristo
Lección 3, para el 17 de julio

Unidad en Cristo

Pablo ruega a los corintios que no haya divisiones entre ellos. La unidad en Cristo es fundamental para la iglesia, y cualquier forma de sectarismo o división contradice el evangelio de la cruz.

Centrados en Jesús

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Lee 1 Corintios 1:10. ¿Qué crees que quiso decir Pablo con «estén perfectamente unidos en una misma mente y un mismo parecer»?

La formación de grupos constituía aquí una negación de la lealtad a Cristo (1 Corintios 1:10). Dios nos llamó «a la comunión con su Hijo Jesucristo, nuestro Señor» (1 Corintios 1:9). Nuestro Señor es Cristo, y debemos centrarnos en él. Por lo tanto, la respuesta a las preguntas retóricas: «¿Está Cristo dividido? ¿Fue Pablo crucificado por ustedes?» (1 Corintios 1:13) es un rotundo «¡No!». Cristo no está dividido. Cristo es quien fue crucificado por nosotros. Fuimos bautizados «en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo» (Mateo 28:19).

Pablo menciona que somos «el cuerpo de Cristo, y cada uno de ustedes es parte de él» (1 Corintios 12:27; énfasis añadido). Aunque el cuerpo tiene muchas partes, cada una con su función, sigue siendo un solo cuerpo. Para que el cuerpo funcione correctamente, cada parte debe cumplir su función de acuerdo con sus capacidades. Esta metáfora indica que Pablo pretende la unidad en la diversidad, no la uniformidad. Más aún, aspira a la unidad a pesar de la diversidad.

Sin embargo, todos los pensamientos y las opiniones deben estar sometidos a Cristo, nuestro Señor. El hecho de que Cristo sea nuestro Señor es un concepto tan importante para Pablo que recurre a él repetidamente en el comienzo de 1 Corintios (1 Corintios 1:2, 7, 8, 9, 10). Por lo tanto, antes de abordar el tema de los grupos o facciones y los líderes humanos, Pablo enfatiza que todos tenemos a Jesús como nuestro Señor. La iglesia no se centra en los líderes humanos. Los cristianos se centran en Jesús.

El énfasis en el señorío de Jesús en los primeros versículos de 1 Corintios nos ayuda a comprender lo que Pablo quiso decir con las palabras: «Estén perfectamente unidos en una misma mente y un mismo parecer» (1 Corintios 1:10). El término griego traducido como «unidos» proviene del verbo _katartizō_, que sugiere que algo debe ser restaurado a su condición adecuada. Cuando se forman camarillas en torno a líderes humanos, las relaciones dentro de la iglesia deben ser restauradas a su condición adecuada, y eso puede suceder por medio de la unidad en Cristo y la muerte del yo que ello implica.

Durante las últimas décadas, la Iglesia Adventista del Séptimo Día ha enfatizado en algunas partes del mundo el estudio de la Biblia en grupos pequeños. ¿Cuál es la diferencia entre los grupos cerrados y los grupos pequeños? ¿Cómo podemos tener cuidado de que los grupos pequeños no se conviertan en grupos cerrados?

Comentarios Elena G.W

Aquí el ojo de la fe es dirigido a Dios, para ver el invisible, no las cosas que ahora están a la vista. La fe vive en la expectación de un bien futuro; discierne ventajas inexpresables en el don celestial. La esperanza de la vida futura es una parte esencial de nuestra fe cristiana. Cuando permitimos que las atracciones del mundo se interpongan entre el alma y Dios, lo único que podemos ver es el mundo… Mirad más alto, fijad el ojo de la fe en las cosas invisibles y seréis fuertes en la fortaleza divina.

Nuestra fe aumenta al mirar a Jesús, que es el centro de todo lo atractivo y hermoso. Cuanto más contemplamos lo celestial, tanto menos vemos cosas deseables o atractivas en lo terreno. Cuanto más continuamente fijamos el ojo de la fe en Cristo en quien están centradas nuestras esperanzas de vida eterna, tanto más crece nuestra fe; nuestra esperanza se fortalece, nuestro amor se hace más intenso y ferviente, con la claridad de nuestra mirada interior espiritual, y nuestra inteligencia espiritual aumenta. Nos damos cuenta cada vez más de la realidad del llamado de Dios a purificarnos a nosotros mismos de las costumbres y prácticas de un mundo que no conoce a Dios ni a Jesucristo a quien envió.

Cuanto más contemplamos a Cristo, hablamos de sus méritos y relatamos su poder, tanto más plenamente reflejaremos su imagen en nuestros propios caracteres y tanto menos someteremos nuestras mentes y afectos a las influencias paralizadoras del mundo. Cuanto más nuestra mente se espacie en Jesús, tanto menos nos envolverá la neblina de la duda, y más fácilmente podremos colocar todas nuestras cargas sobre Aquel que las lleva todas…

Permitamos que la fe atraviese la sombra infernal de Satanás y se fije en Jesús, nuestro Sumo Sacerdote, que ha entrado por nosotros tras el velo. Sean cuales sean las nubes que cubran el cielo, sean cuales sean las tormentas que azoten el alma, esta ancla se mantiene firme y podemos estar seguros de la victoria (In Heavenly Places, p. 127; parcialmente en En los lugares celestiales, 30 de abril, p. 127).

¡Oh, cuán bondadoso es nuestro Señor! “No te desampararé, ni te dejaré”. Hebreos 13:5. “He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida”. Isaías 49:16. “No os dejaré huérfanos”. Juan 14:18. El que pide, recibirá el Espíritu Santo. Pensemos que Dios está más dispuesto a darnos el Espíritu Santo, que los padres a conceder buenas dádivas a sus hijos. Entonces, alegrémonos y gocémonos. No miremos el trabajo infernal de los poderes de las tinieblas hasta que fallen la esperanza y el ánimo Jesús vive, y debemos dejar que nuestra fe penetre la oscuridad… repose en la luz y se regocije en la luz del Sol de Justicia. Jesús vive para interceder por nosotros. Mientras las tinieblas se cierran sobre el mundo, nuestra vida está segura únicamente cuando se oculta con Cristo en Dios. ¡Precioso Salvador! Solamente en él deben concentrarse nuestras esperanzas de vida eterna. Entonces hablaremos de la fe, de la esperanza, del valor, y difundiremos luz por todas partes. Cristo dijo: “Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Así alumbre vuestra luz… para que… glorifique a vuestro Padre”. Mateo 5:14-16. La fe puede atravesar la nube más oscura. La confianza humilde y sincera en Dios glorificará su nombre, y en esa confianza podéis ser toda luz en el Señor. Alabado sea el Señor. Alabémos y glorifiquemos a Dios por su amor incomparable (That I May Know Him, p. 284; parcialmente en A fin de conocerle, 5 de octubre, p. 282).

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