«El amor no es un don entre muchos; es el medio a través del cual todos los dones alcanzan su propósito final» (Carl P. Cosaert, «1 Corintios», Comentario bíblico Andrews [Doral, FL: IADPA, 2024], t. 2, p. 543).
Lee 1 Corintios 13:1-7 y 1 Pedro 4:8-11. ¿Cuál es el papel del amor en lo que respecta a los dones espirituales?
El capítulo 13 de 1 Corintios enseña que los dones espirituales solo pueden ser usados adecuadamente mediante el amor. Pablo inicia este capítulo aludiendo a los dones mencionados en el capítulo previo para enfatizar que carecen de valor si no están motivados por el amor. Por lo tanto, el conocimiento (1 Corintios 12:8) y la fe (1 Corintios 12:9), incluso una fe «que trasladara los montes» (1 Corintios 13:2), no son nada sin amor (1 Corintios 13:2). Sin amor, la capacidad de hablar en lenguas (1 Corintios 12:10, 28, 30) se reduce simplemente a «un metal que resuena o un platillo que hace ruido» (1 Corintios 13:1, NVI). Del mismo modo, incluso el importante don de la profecía no es nada sin amor (1 Corintios 13:2).
En 1 Corintios 13:4-7, Pablo se enfoca en definir el amor genuino diciendo en qué consiste; es decir, qué hace y qué no hace. Los verbos que eligió para caracterizar el amor indican que este no es tanto algo que sentimos como algo que practicamos. En tal sentido, él dice que el amor (1) es paciente (NVI); (2) bondadoso (NVI); (3) se regocija con la verdad (NVI); (4) todo lo sufre o disculpa (NVI); (5) todo lo cree; (6) todo lo espera; (7) todo lo soporta. Por el contrario, el amor (1) no siente envidia; (2) no es jactancioso; (3) no es presumido ni orgulloso (NVI); (4) no se comporta con rudeza (NVI); (5) no busca lo suyo (no es egoísta, NVI); (6) no se irrita fácilmente; (7) no guarda rencor; (8) no se deleita en la maldad o injusticia (NVI).
Este total de 15 verbos proporciona una guía sólida para el comportamiento adecuado en la práctica de los dones. Cabe destacar que esta discusión acerca de la verdadera naturaleza del amor se encuentra precisamente entre 1 Corintios 12 y 14, donde Pablo aborda el conflicto relacionado con los dones espirituales. De hecho, el amor es la clave para el uso sabio de ellos y es colocado junto a la fe y la esperanza, «pero el mayor es el amor» (1 Corintios 13:13).
¿Por qué el amor es tan importante respecto de la fe? ¿Qué mejor manera de experimentar la realidad del amor de Dios que reflejarlo, por su gracia y mediante la oración, en nuestra relación con los demás?
Comentarios Elena G.W
Estoy velando y esperando el regreso del Señor. No solamente tengo que esperar, velar y orar sino que también debo trabajar con la mayor diligencia. Todas las acciones de nuestra vida, nuestras transacciones comerciales con nuestros prójimos, deben ser regidas por la ley de Dios, y bajo ninguna circunstancia debemos apartarnos de la verdad y la justicia en nuestro trato con los demás. El Señor no tolerará los pecados de ningún hombre que agravie a su prójimo. Con los rostros vueltos hacia el cielo, elevando nuestras peticiones a Dios, desarrollando un amor desinteresado por nuestros prójimos a causa de nuestro supremo amor a Cristo Jesús, quien los compró con su propia sangre, es como nos elevamos por encima de las tentaciones más gravosas y sutiles. En la humilde dependencia de Dios están nuestra seguridad y poder. “Alma mía, en Dios solamente reposa, porque de él es mi esperanza”. Véase Salmos 62:5; 43:5…
En todas las circunstancias debemos tratar a aquellos con quienes nos relacionamos, que son de condición humilde, con gran deferencia y respeto, porque tienen muy poco de lo que hace feliz la vida, y porque necesitan ayuda. Las almas son demasiado preciosas como para ser tratadas en forma descuidada. Son la posesión adquirida de Dios. Aquellos a quienes pasamos por alto como inferiores. el Señor los colocará en posiciones elevadas si confían en él.
La gracia de Dios alcanza a los hombres tales como son, y actúa como agente educador usando todos los principios de los cuales depende una educación multifacética. La influencia constante de la gracia de Dios adiestra al alma de acuerdo con los métodos de Cristo, obrando sobre cada pasión impetuosa, sobre todo rasgo de carácter defectuoso, mediante la influencia modeladora del Espíritu de Cristo, hasta que un nuevo poder motivador llegue a ser impulsado por el Espíritu Santo de Dios, de acuerdo a la semejanza del modelo divino.
Nunca olvide que los pensamientos se traducen en acciones. Las acciones repetidas forman los hábitos, y los hábitos forman el carácter. Por lo tanto, si se presta atención a las cosas pequeñas no hay razón para temer que las cosas grandes lleguen a mancharse y corromperse.
La Biblia debe ser la regla de conducta de la vida. Resulta pasmoso a los ojos del universo que los hombres que enseñan la Palabra no siempre practiquen la verdad. Pocos comprenden qué significa ser completos en Cristo Jesús, la voluntad revelada de Dios. Su Palabra no resulta deshonrada cuando se la introduce en la vida práctica para formar hábitos que desarrollarán el carácter (Alza tus ojos, 16 de marzo, p. 87).