Dones espirituales
Lección 6, para el 7 de agosto

Dones espirituales

Pablo compara a la iglesia con un cuerpo compuesto por muchos miembros, cada uno con diferentes roles, funciones y dones. Empleados con amor, estos dones espirituales promueven la unidad que refleja el carácter de Dios.

El don de lenguas

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¿Qué podemos decir del don de lenguas? En consonancia con la manifestación del don en otras partes de la Biblia (Marcos 16:17; Hechos 2:1-13; 10:44-48; 19:6), el don de lenguas en 1 Corintios es probablemente la capacidad otorgada por el Espíritu para hablar en idiomas diferentes del propio.

Pablo incluye el don de lenguas en la lista de 1 Corintios 12:8-10 (ver también 1 Corintios 12:28, 30; 13:1, 8) y también se refiere a él repetidamente en 1 Corintios 14. De hecho, la palabra griega _glōssa_ («lengua», o «idioma») aparece más de veinte veces en 1 Corintios 12-14, quince de ellas en el capítulo 14. Además de estas, la palabra griega _heteroglōssos_ («otra lengua») también aparece en 1 Corintios 14:21. Este gran número de referencias al don de lenguas sugiere que el asunto era de especial interés para Pablo. El mal uso y el abuso de este don por parte de la iglesia de Corinto causaron desorden y confusión en el culto público (1 Corintios 14:23, 27, 33, 40).

Lee 1 Corintios 14:5, 13, 26-27 y 1 Corintios 12:10 y 30. ¿Qué instrucción particular dio Pablo con respecto al don de lenguas?

La razón por la que el don de hablar en lenguas debe ir acompañado del don de interpretarlas es que ellas deben resultar comprensibles (1 Corintios 14:9); de lo contrario, no hay beneficio alguno en ese don (1 Corintios 14:6). Esto explica por qué Pablo puso tanto énfasis en la interpretación y la comprensión. Obviamente, no está criticando el don de lenguas en sí, sino (como veremos mañana) la importancia excesiva que los corintios le atribuían, lo que llevaba a descuidar el don de profecía.

En este punto, es importante señalar que, aunque Pablo deseaba que todos los corintios pudieran hablar lenguas extranjeras (1 Corintios 14:5), no esperaba que eso sucediera (1 Corintios 12:10). Por lo tanto, la idea de que «todos deben hablar en lenguas antes de reclamar el bautismo en el Espíritu Santo es una perversión de la enseñanza de Pablo en 1 Corintios 12 y 14» (George E. Rice, «Dones espirituales», Tratado de teología adventista del séptimo día [Florida: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2009], p. 697).

¿Hay personas en tu iglesia que hablan otros idiomas? ¿Cómo pueden usar esta habilidad para alcanzar a otras personas para Cristo? ¿Cómo puede este hecho ayudarnos a comprender la verdadera naturaleza de las lenguas a las que se refiere Pablo?

Comentarios Elena G.W

Y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen”. Hechos 2:3, 4. El Espíritu Santo, asumiendo la forma de lenguas de fuego, descansó sobre los que estaban congregados. Esto era un emblema del don entonces concedido a los discípulos, que los habilitaba para hablar con facilidad idiomas antes desconocidos para ellos. La apariencia de fuego significaba el celo ferviente con que los apóstoles iban a trabajar, y el poder que iba a acompañar su obra.

“Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo”. Hechos 2:5. Durante la dispersión, los judíos habían sido esparcidos por casi todos los lugares del mundo habitado, y en su destierro habían aprendido a hablar varios idiomas. Muchos de esos judíos estaban en esa ocasión en Jerusalén, asistiendo a las festividades religiosas que se celebraban. Toda lengua conocida estaba representada por la multitud allí reunida. Esta diversidad de idiomas hubiera sido un gran obstáculo para la proclamación del evangelio; por lo tanto, Dios suplió de una manera milagrosa la deficiencia de los apóstoles. El Espíritu Santo hizo por ellos lo que los discípulos no hubieran podido llevar a cabo en todo el curso de su vida. Ellos podían ahora proclamar las verdades del evangelio extensamente, pues hablaban con corrección los idiomas de aquellos por quienes trabajaban.

Este don milagroso era una evidencia poderosa para el mundo de que la comisión de ellos llevaba el sello del cielo. De allí en adelante, el habla de los discípulos fue pura, sencilla y correcta, ya hablaran en su idioma nativo o en idioma extranjero (Recibiréis poder, 14 de julio, p. 206).

Algunos de ellos hablan mucho acerca de los dones, y a menudo causan mucha ansiedad. Se entregan a emociones turbulentas y excitantes y producen sonidos ininteligibles que ellos llaman el don de lenguas. Cierta clase de personas parecen quedar encantadas con estas extrañas manifestaciones. Un espíritu raro conduce a esta gente. Están listos para aplastar y pasar por sobre cualquiera que los reprenda. El Espíritu de Dios no está en esa actitud y tampoco ayuda a tales obreros. Tienen otro espíritu, y sin embargo, dichos predicadores logran éxito con ese tipo de personas. Esto aumentará grandemente el trabajo de los siervos a quienes Dios enviará, y que están calificados para presentar el sábado y los dones de manera apropiada a la gente, y cuya influencia y ejemplo son dignos de imitar.

La verdad debería ser presentada de una forma que la haga atractiva a las mentes inteligentes. No somos comprendidos como pueblo, sino que nos consideran como pobres, de mente débil, baja y degradada. Por esto, cuán importante es que en todos los que enseñan, y cuantos crean la verdad, sean muy evidentes los efectos de una influencia santificadora, y que sus vidas nobles y consecuentes muestren a los no creyentes que ellos han sido engañados con respecto a este pueblo. Cuán grande es la importancia de que se elimine de la causa de la verdad todo lo que parezca una excitación falsa y fanática; que la verdad se levante sobre sus propios méritos y revele su verdadera pureza y carácter exaltado (Recibiréis poder, 15 de julio, p. 207).

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