“«Sigan el amor, y procuren los dones espirituales, pero sobre todo que profeticen»”1 Corintios 14:1
Lee para el estudio de esta semana
1 Corintios 12; Efesios 4:11-13; 1 Corintios 13; 1 Pedro 4:8-11; 1 Corintios 14:27; Amós 3:7.
Para memorizar
«Sigan el amor, y procuren los dones espirituales, pero sobre todo que profeticen» (1 Corintios 14:1).
Al igual que el cuerpo humano, la iglesia es una, pero tiene muchos miembros, cada uno con diferentes roles, funciones y dones. Empleados con amor, estos dones espirituales promueven un sentido de unidad que refleja el carácter del Dios trino.
Esta semana examinaremos 1 Corintios 12-14 y su enseñanza acerca de los dones espirituales. Esta sección forma parte de una unidad un poco más amplia, en la que Pablo aborda el comportamiento cristiano esperado en el ámbito religioso (1 Corintios 11-14). La principal preocupación de Pablo tiene que ver con el problema de las reuniones desordenadas. Su respuesta a este problema es que la iglesia es un todo cuyas partes tienen diferentes funciones que contribuyen a «la edificación del cuerpo de Cristo» (Efe. 4:12). En resumen, Dios dio a la iglesia dones espirituales para promover la unidad a través de la diversidad.
Sin duda, Pablo sigue teniendo en mente el problema de las facciones abordado en los cuatro primeros capítulos de 1 Corintios, donde la respuesta a la falta de acuerdo entre los miembros de la iglesia es la unidad en Cristo. Ahora, desarrolla esa idea presentando su comprensión del papel de los dones espirituales. Según Pablo, la unidad en Cristo y en el Espíritu es el único medio de evitar las divisiones.
Comentarios Elena G.W
Estudie esta escritura cuidadosamente. Dios no le ha dado a cada uno la misma línea de trabajo. Es su plan que haya unidad en la diversidad. Cuando se estudia y se sigue su plan, habrá muchos menos roces en el trabajo en la causa. “En un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, pero cada uno es esencial para la perfección de la obra” ver Romanos 12:4 y Efesios 4:12. “El cuerpo no es un solo miembro, sino muchos. Si dijere el pie: Porque no soy mano, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo? Y si dijere la oreja: Porque no soy ojo, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo? Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato? Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso. Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo?” 1 Corintios 12:14-18.
“Vosotros sois pues el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular. Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas”. 1 Corintios 12:27, 28.
El Señor desea que su iglesia respete cada don que ha otorgado a los diferentes miembros. Estemos en guardia, no vaya a ser que nuestra mente se fije en uno mismo, pensando que otras personas no pueden servir al Señor a menos que trabajen en las mismas líneas en las cuales trabajamos nosotros.
Nunca debe decir un obrero: “No quiero trabajar con uno así, porque no ve las cosas como yo las veo. Deseo trabajar con alguien que esté de acuerdo con todo lo que yo digo y que lleve a cabo todas mis ideas”. La persona con la que el obrero rehúsa conectarse puede tener verdades que presentar que aun no han sido presentadas. Y debido a la negativa del obrero en aceptar la ayuda que provee el Señor, la obra queda desequilibrada (Ser semejante a Jesús, 16 de marzo, p. 82).
Los instrumentos del Señor son muchos. Pero todos los que se sienten inclinados a trabajar de acuerdo con los planes de Dios, están comprendidos en las palabras “porque… vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios”. 1 Corintios 3:9. Los siervos de Dios deben avanzar de manera que no se pierda ni uno solo de los dones del Señor. Su voluntad debe estar completamente sometida a Dios, de manera que cuando llegue el momento establecido por él, su vara reverdezca. Nadie sabe exactamente qué rumbo tomará la obra, pero los siervos del Altísimo deben estar siempre dispuestos, en condiciones de comprender los procedimientos y la voluntad de su Jefe (Cada día con Dios, 23 de enero, p. 29).