La semana pasada abordamos el tema del amor tal y como se describe en 1 Corintios 13. Necesitamos explorar las palabras de Pablo aquí con mayor profundidad.
Lee 1 Corintios 13 y resume lo que dice acerca del amor.
Pablo no está diciendo que las lenguas (1 Corintios 13:1), la profecía, el entendimiento, el conocimiento, la fe (vers. 2) y la benevolencia (vers. 3) sean inútiles. Solo lo son si no están motivados por el amor.
El tipo de amor del que habla Pablo no se expresa en frases como «me encantan las frutillas», «aprecio a mis amigos» o incluso «quiero a mi cónyuge y a mis hijos». Tampoco se refiere al tipo de presunto amor que se ve en las películas. Y no, no es amor erótico o romántico, aunque este pasaje se haya utilizado habitualmente en sermones de bodas.
El amor al que Pablo se refiere no puede reducirse al afecto, la caridad, la virtud o la benevolencia. Sin embargo, todos ellos lo representan en mayor o menor medida. Este amor es una gracia especial que nos concede el Espíritu. De hecho, el amor en 1 Corintios 13 es la motivación que nos da el Espíritu y que nos lleva a actuar con afecto, caridad, virtud y benevolencia. Es un compromiso total de nuestras acciones, sentimientos y pensamientos en favor de Cristo y de nuestro prójimo.
Lee Mateo 24:12. ¿Qué advertencia hace Jesús aquí?
Aquí vemos por qué el _agapē_ es tan esencial y necesario. En virtud del poder que Cristo concede, no podemos permitir que el amor se enfríe en nuestros hogares, iglesias y vecindarios. Cristo nos dio su ejemplo al morir por nosotros en la cruz. ¿Qué mejor y más poderosa expresión de este tipo de amor podría existir? Aunque, por supuesto, nunca podríamos expresar ese tipo de amor de la misma manera, por la gracia de Dios debemos esforzarnos por revelarlo en nuestras propias vidas en la medida de lo posible.
¿En qué ocasiones podría la expresión de este tipo de amor haber causado una impresión muy positiva en alguien que lo necesitaba más que cualquier otra cosa?
Comentarios Elena G.W
Es una obra grande y solemne alcanzar la aptitud moral para andar en sociedad con los puros y los benditos…. Únicamente conformándonos a la Palabra de Dios podemos esperar alcanzar “la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”. Pero debemos hacer esto o de lo contrario nunca entraremos en el cielo. Sin pureza y santidad de corazón no podemos ganar la corona de gloria inmortal.
La vida del alma no puede sustentarse a no ser por el correcto ejercicio de los afectos dirigidos hacia el cielo, hacia Cristo, hacia Dios. El arrepentimiento y la fe en Cristo para el perdón de los pecados son esenciales, pero no es todo lo que se requiere… La vida del cristiano acaba de comenzar. Debe… “ir adelante, a la perfección”. Hebreos 6:1. Debe poner todo pensamiento en cautividad a la obediencia de Cristo. Si creemos en Jesús nos gustará pensar en él, nos agradará hablar de él, nos gustará orar a él. Él es supremo en nuestros afectos. Amamos lo que Cristo ama, y odiamos lo que Cristo odia…
La vida cristiana nunca está en reposo. Es, y debe ser progresiva. Nuestro amor por Cristo debería fortalecerse cada vez más…
Hermano mío, hermana mía, ¿está vuestra alma en el amor de Dios? Muchos de vosotros tenéis una fugaz percepción de la excelencia de Cristo, y vuestra alma se estremece de gozo. Anheláis un conocimiento más pleno y más profundo del amor del Salvador. Queréis llevar vuestros afectos más cerca de él. No estáis satisfechos. Pero no desesperéis. Dadle a Jesús los afectos mejores y más santos del corazón. Atesorad todo rayo de luz. Fomentad todo deseo del alma en busca de Dios. Entregaos al cultivo de los pensamientos espirituales y de la santa comunión… Apresuraos a cosechar para el cielo… Nos costará algo obtener la experiencia cristiana, y desarrollar un carácter verdadero y noble… Pero la hueste ataviada con los vestidos blancos de los redimidos está formada por aquellos que han lavado su ropa, y la han emblanquecido en la sangre del Cordero (Nuestra elevada vocación, 28 de noviembre, p. 340).
La vida es un don de Dios. Nuestros cuerpos nos han sido dados para emplearlos en el servicio de Dios y él desea que los cuidemos y apreciemos. Poseemos tanto facultades físicas como mentales. Nuestros impulsos y nuestras pasiones tienen su asiento en el cuerpo, y por lo tanto no debemos hacer nada que contamine esta posesión que se nos ha confiado. Nuestros cuerpos deben ser conservados en la mejor condición física posible, y bajo la más espiritual de las influencias, de modo que podamos usar nuestros talentos de la mejor manera posible. Lea 1 Corintios 6:13.
Nuestros cuerpos pertenecen a Dios. Pagó el precio de la redención tanto por el cuerpo como por el alma… Dios es el gran encargado del mecanismo humano. Al cuidar de nuestros cuerpos debemos colaborar con él. El amor a Dios es esencial para la vida y la salud. Para gozar de perfecta salud nuestros corazones deben estar llenos de esperanza, amor y gozo (La maravillosa gracia de Dios, 19 de mayo, p. 147).