Lee nuevamente 1 Corintios 13:4-7. ¿Por qué Pablo menciona características negativas del amor en lugar de solo positivas?
Ayer nos centramos en siete cosas que hace el amor; hoy veremos ocho que no hace. El amor...
**1. No envidia (_zeloō_).** _Zeloō_ puede usarse de manera positiva, como en «procuren [_zeloō_] los mejores dones» (1 Corintios 12:31), «procuren [_zeloō_] los dones espirituales» (1 Corintios 14:1) y «procuren [_zeloō_] profetizar» (1 Corintios 14:39). Sin embargo, aquí, como en Hechos 7:9, tiene un sentido negativo. Está bien desear los dones espirituales, pero no envidiar a las personas que los han recibido, pues esto es causa de divisiones (1 Corintios 3:3).
**2. No es jactancioso, o presumido (_perpereuomai_).** La palabra así traducida transmite la idea de arrogancia y deseo de alabanza por parte de los demás. El amor, sin embargo, no hace que la persona se centre en sí misma. Esto queda aún más claro en lo que sigue.
**3. No se envanece (_fysioō_).** El verbo _fysioō_ aparece en 1 Corintios 8:1 en la notable declaración de Pablo: «El conocimiento envanece, pero el amor edifica». Se refiere a una persona que tiene un concepto exagerado de sí misma.
**4. No se comporta de manera grosera (_asjēmoneō_).** El verbo _asjēmoneō_ puede tener una amplia gama de sentidos, pero significa generalmente actuar en contra de las normas sociales y morales de una manera deshonrosa, vergonzosa, indecente o inapropiada. Pablo se refiere probablemente al comportamiento arrogante y grosero de los «fuertes» respecto de los «débiles» de la iglesia de Corinto (1 Corintios 4:10; 1 Corintios 8).
**5. No busca (_zēteō_) lo suyo, o «no es egoísta» (NVI).** Esto es similar a lo que Pablo dice en 1 Corintios 10:24: «Ninguno busque su propio bien, sino el de otros». El amor está dispuesto a renunciar a ciertos derechos por el bien de los demás (ver la lección 5). En un entorno en el que todos buscan que los derechos de los demás sean respetados, todos resultan beneficiados.
**6. No se irrita o enoja fácilmente (_paroxynō_).** Esto significa que el amor no es irascible ni excesivamente susceptible.
**7. No guarda rencor (_logizomai_).** El verbo _logizomai_ tiene aquí un sentido contable, lo que significa que el amor no tiene en cuenta las ofensas de los demás. En otras palabras, el amor también significa perdonar.
**8. No se alegra (_jairō_) de la injusticia o la maldad.** El amor no solo no guarda rencor por las malas acciones de los demás, sino que tampoco se deleita en ellas. Cuando amamos verdaderamente a los demás, no nos regocijamos por sus errores, sino que procuramos ayudarlos.
Comentarios Elena G.W
Los que se esfuerzan por llamar la atención a sus buenas obras, hablando constantemente de su condición sin pecado, y tratando de destacar sus conquistas religiosas, están solamente engañando sus propias almas al hacerlo. Un hombre sano que puede atender los trabajos comunes de la vida, y que va a sus tareas día tras día con espíritu alegre y con una vigorosa corriente de sangre que fluye por sus venas, no les llama la atención a todas las personas con quienes se encuentra, sobre la buena salud de que disfruta. La salud y el vigor son condiciones naturales de su vida, y por lo tanto apenas tiene conciencia de que está gozando de tan rico don.
Tal ocurre con el hombre verdaderamente justo. Es inconsciente de su bondad y piedad. Los principios religiosos han llegado a ser la fuente de su vida y su conducta, y es tan natural para él llevar los frutos del Espíritu, como es para la higuera producir higos, o para el rosal dar rosas. Su naturaleza está tan completamente imbuida del amor por Dios y sus semejantes, que hace las obras de Cristo con un corazón voluntario.
Todos los que entran en la esfera de su influencia perciben la hermosura y la fragancia de la vida cristiana, mientras que él mismo es inconsciente de ella, puesto que está en armonía con sus hábitos y sus inclinaciones. Ora por luz divina, y le gusta vivir en armonía con esa luz. Su comida y su bebida es hacer la voluntad de su Padre celestial. Su vida está escondida con Cristo en Dios; sin embargo no se jacta de esto, ni parece consciente de ello. Dios acepta al hombre humilde que sigue de cerca en los pasos del Maestro. Los ángeles son atraídos a él, y a ellos les agrada detenerse a lo largo de su senda. Pueden ser pasados por alto como indignos de que se les dedique atención por aquellos que pretenden haber logrado exaltadas conquistas, y que se deleitan en hacer prominentes sus buenas obras; pero los ángeles celestiales se inclinan con amor sobre ellos y son como muro de fuego que los circunda (La edificación del carácter, pp. 11, 12).
Los que han sido santificados por la verdad darán evidencias de que esta ha producido una reforma en sus vidas, y que los está preparando para ser trasladados al mundo celestial. Pero mientras el orgullo, la envidia y las malas sospechas predominen en la vida, Cristo no controlará el corazón. Su amor no estará en el alma.
En la vida de los que participan de la naturaleza divina se manifiesta una crucifixión del altivo espíritu de suficiencia que conduce a la exaltación propia. En su lugar mora el Espíritu de Cristo y aparecen los frutos del Espíritu en la vida. Al tener la actitud de Cristo, sus seguidores revelan las virtudes de su carácter.
Nada menos que esto requerirá Dios para aceptar a los seres humanos. Nada menos que esto les dará la pureza y el carácter santo que deben tener los que sean admitidos en el cielo. Tan pronto como alguien se vista de Cristo, una evidencia del cambio producido en él se manifestará en el espíritu, las palabras y los hechos. Una atmósfera celestial envolverá el alma, porque Cristo morará en ella (Cada día con Dios, 19 de abril, p. 116).