Si tuvieras que elegir un representante que hablara en tu nombre, sin duda sería alguien en quien confías, una persona que conoce tu manera de pensar y es capaz de expresar fielmente tus ideas.
Lee Éxodo 2:11-15 y 3:1-3, 10-13. ¿Cómo preparó a Moisés su experiencia como pastor para ser portavoz de Dios?
Moisés pasó los primeros cuarenta años de su vida recibiendo la mejor educación que Egipto podía ofrecer; pero eso no lo preparó para convertirse en el mensajero de Dios. Tuvo que pasar los siguientes cuarenta años en el desierto como pastor, lejos de las distracciones del mundo. En muchos sentidos, tuvo que desaprender gran parte de lo que había aprendido como príncipe. Antes de poder cooperar en la liberación de Israel, Moisés tuvo que conocer al Dios en cuyo nombre hablaría.
Lee Éxodo 4:10-16. ¿Qué podemos aprender de esta conversación entre Dios y Moisés acerca de cómo son llamados los profetas y en qué consiste su tarea?
Se encomendó a Moisés que desempeñara el papel de Dios, mientras que Aarón asumiría el papel de portavoz de Moisés (Éxo. 4:16; 7:1). Al igual que en el caso de Moisés y Aarón, Dios ayuda a sus profetas a encontrar la mejor manera de transmitir el mensaje que les comunica.
Moisés había fracasado anteriormente. Recordaba su último encuentro con sus compatriotas israelitas, quienes cuestionaron su autoridad (Éxo. 2:14). Dios comprendió la aprensión de Moisés, fue paciente con sus temores y respondió a todas sus excusas, pero aun así Moisés se resistió al llamado. Sus temores se habían convertido en incredulidad. Con su renuencia, estaba cuestionando la capacidad de Dios para usarlo como su instrumento. Entonces, Dios ordenó al profeta renuente que se pusiera en marcha (Éxo. 3:14-17).
Aunque no seas un profeta, ¿qué te ha llamado Dios a hacer? ¿Cuál es la mejor manera de prepararte para ese llamado?