Autoridad y relevancia proféticas
Lección 10, para el 5 de diciembre

Autoridad y relevancia proféticas

LA AUTORIDAD BÍBLICA

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La Biblia es inspirada por Dios y fruto de la revelación profética. Ella responde a las grandes preguntas de la vida y es el medio supremo que Dios utiliza para revelarse a la raza humana. Las Escrituras nos instruyen acerca del significado de la existencia humana, del carácter y la voluntad de Dios, y del propósito divino para nuestra vida. La Biblia es la norma de oro de la verdad, la autoridad sobre cuya base debemos tomar nuestras decisiones, el fundamento de la cosmovisión cristiana, el fundamento de toda verdad revelada, la regla de fe y práctica de los cristianos.

Podemos aceptar la Palabra de Dios o rechazarla, para lo cual no es necesario llegar al extremo de quemar la Biblia, como hizo el rey Joacim (ver Jer. 36:22-27).

Ignorarla, incluso mientras se profesa creer en ella, puede ser igual de problemático. Cuando descubrimos y aceptamos la Palabra de Dios, podemos, como el rey Josías, ser transformados y conducir a otros a Dios (ver 2 Rey. 22:10-13).

Muchos se acercan a la Biblia en busca de sus presuntos defectos o para ridiculizarla. Otros la ven como algo que no está en sintonía con las costumbres contemporáneas (por lo general no lo está, y así debe ser). No pocos la ridiculizan porque contradice las tendencias «científicas» o culturales.

Muchos cristianos a menudo utilizan la Biblia solo para apoyar una posición teológica determinada, no para el crecimiento espiritual y la reforma personal. Otros interpretan la Biblia de tal manera que se le niega cualquier autoridad histórica o práctica sobre la vida cotidiana.

Una de las maneras más sencillas y comunes de rechazar la autoridad de la Biblia es ignorarla y no dedicar tiempo a leerla y aplicar sus enseñanzas a nuestra vida.

¿Qué efecto tuvo la Palabra de Dios expresada oralmente en las siguientes situaciones? Ver Jeremías 38:1-4; Juan 3:1-10; Hechos 16:25-34.

En la antigüedad, el material de escritura era escaso y costoso. Además, muchos no sabían leer, por lo que la Palabra de Dios comunicada oralmente por medio de sus profetas era esencial.

Bajo el poder del Espíritu Santo, la Palabra de Dios, ya sea hablada o escrita, puede penetrar en el corazón para revelar el pecado y producir reforma y restauración. La Palabra nos llama al arrepentimiento y a la obediencia (Hech. 5:29; ver también Heb. 4:12). Y esa es a menudo la razón por la que muchos la rechazan. No les agrada lo que les exige.

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