Dios desea rescatar a la humanidad. Por eso tuvo la iniciativa de relacionarse con Adán y Eva después de la caída, y durante un tiempo los habitantes de la tierra invocaron «el nombre del Señor» (Gén. 4:26). Con el paso de las generaciones, el número de quienes caminaban con Dios disminuyó. Los que continuaron siguiendo al Señor dieron testimonio de su bondad, condenaron los pecados de quienes los rodeaban y advirtieron de las consecuencias de sus impíos actos.
Sin embargo, los habitantes de la tierra eran tan malvados en la época de Noé que Dios decidió destruirlos (Gén. 6:5-7). Noé, un pregonero de justicia (2 Ped. 2:5), sin duda advirtió a todos los que quisieron escucharlo acerca de la destrucción que se avecinaba. Dios también le dio instrucciones para que construyera el arca a fin de salvar a todos los que escucharan sus advertencias y se arrepintieran.
Lee Hebreos 11:7; 2 Pedro 2:5; y Génesis 6:9. ¿De qué manera fue Noé un «pregonero de justicia»?
El diluvio fue un momento crucial en la historia de la humanidad, y el relato aparece repetidamente a lo largo del Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento como un ejemplo de la profundidad de la depravación humana y la magnitud de la asombrosa gracia divina. La justicia de Dios se manifiesta en su juicio contra una creación pecadora y en su liberación de todos aquellos que aceptan la salvación.
«En medio de la corrupción reinante, Matusalén, Noé y muchos otros trabajaron para conservar el conocimiento del Dios verdadero y para detener la ola del mal. Ciento veinte años antes del diluvio, el Señor, mediante un santo ángel, comunicó a Noé su propósito, y le ordenó que construyese un arca. Mientras la construía, debía predicar que Dios iba a traer sobre la tierra un diluvio para destruir a los impíos. Los que creyeran en el mensaje, y se preparasen para ese acontecimiento mediante el arrepentimiento y la reforma, obtendrían perdón y serían salvos» (Elena de White, Patriarcas y profetas, p. 81).
Dios no solo habló a Noé acerca del diluvio y rescató a los ocupantes del arca, sino también estableció un pacto con Noé y toda la creación, prometiendo no volver a destruir el mundo con agua (Gén. 9:8-17). Cada arco iris comunica la promesa y la esperanza de la redención.
La próxima vez que veas un arco iris, piensa en la promesa que encierra. ¿Por qué es reconfortante saber que Dios cumple sus promesas?