Dios siempre se ha comunicado con las personas a través de sus profetas. Esto fue particularmente cierto en momentos cruciales de la historia. ¿No es razonable esperar, entonces, que Dios hable a su pueblo al final de los tiempos?
Cuando los adventistas milleritas experimentaron el «gran chasco» el 22 de octubre de 1844, Dios llamó a Elena Harmon al ministerio profético y le dio un mensaje para los creyentes decepcionados. Su primera visión tuvo el propósito de consolarlos en su desesperación.
Otro momento crítico fue el comienzo de las publicaciones adventistas y la organización oficial de los adventistas observadores del sábado como una denominación.
Gracias al ministerio de las publicaciones y la evangelización, esos observadores del sábado habían llegado a ser varios miles para la década de 1860. Necesitaban organizarse para proclamar los mensajes de los tres ángeles (Apoc. 14:6-12) de manera más eficaz. Aunque algunos se opusieron a la idea de la organización, Dios utilizó a Elena de White para animar al movimiento a dar ese paso. El 21 de mayo de 1863 nació oficialmente la Iglesia Adventista del Séptimo Día.
Ese mismo año, Dios utilizó el don profético para fomentar la reforma en favor de la salud entre los creyentes. La mayoría de los adventistas del séptimo día no gozaban de buena salud ni llevaban una vida saludable. Esa situación cambió como resultado de las dos visiones que Elena de White recibió acerca de la salud en 1863 y 1865. Como consecuencia de ello, los adventistas del séptimo día se convirtieron en promotores de la salud y la vida saludable.
Desde la década de 1870 hasta la de 1890, Elena de White desempeñó un papel fundamental en el desarrollo del sistema educativo adventista. Su filosofía de educación integral (académica, práctica y espiritual) fue adoptada y aplicada gradualmente. Como ella misma señaló: «La verdadera educación significa más que la prosecución de un determinado curso de estudio. Significa más que una preparación para la vida actual. Abarca todo el ser, y todo el período de la existencia accesible al hombre. Es el desarrollo armonioso de las facultades físicas, mentales y espirituales» (La educación, p. 13).
En la década de 1880, la señora de White desempeñó un papel fundamental en el equilibrio de la teología adventista del séptimo día acerca de la salvación. Hizo hincapié en la importancia central de la gracia y la justicia de Dios por la fe en el contexto del énfasis distintivo de los adventistas en la ley de Dios. De 1901 a 1903 ayudó a reorganizar la estructura denominacional para que la iglesia pudiera cumplir mejor su misión en el mundo.
En síntesis, la Iglesia Adventista del Séptimo Día tal como la conocemos existe gracias al ministerio de Elena de White. Ella fue la mensajera de Dios en momentos críticos.
Para conocer más de este tema, lee Elena de White, La educación (Florida: ACES, 2009), pp. 13-19; El ministerio de curación (Florida: ACES, 2008), pp. 11-18.