Manifestación profética en momentos cruciales
Lección 11, para el 12 de diciembre

Manifestación profética en momentos cruciales

ESPERANZA EN EL EXILIO

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«El Señor, el Dios de sus padres, desde el principio les habló por medio de sus mensajeros, porque se compadecía de su pueblo y de su morada» (2 Crón. 36:15).

Dios envió a numerosos profetas después de Elías para consolar, advertir e instruir a su pueblo, pero los reinos de Israel y Judá cayeron en tal depravación que Dios los comparó con Sodoma y Gomorra (Isa. 1:9-10). El pueblo de Dios se había vuelto orgulloso, codicioso e idólatra. Oprimían a sus trabajadores, viudas, huérfanos y a los extranjeros que acudían a ellos en busca de ayuda (ver Isaías 58 para conocer la respuesta de Dios a las faltas de Israel). Finalmente, el juicio de Dios llevó a Israel al cautiverio asirio (2 Rey. 17:1-6) y a Judá al exilio en Babilonia (2 Rey. 24; 25).

Dios castigó a su pueblo, pero no lo abandonó en el exilio, sino que siguió enviándole profetas como Ezequiel y Daniel para darle esperanza acerca del futuro.

Lee Isaías 59:1-4 y Nehemías 9:30. ¿Qué se dice allí que se aplica a todas las épocas?

Los reinos de Israel y Judá sufrieron las consecuencias del pecado a lo largo de su historia. Al alejarse de Dios, abandonaron la seguridad de su cuidado y provocaron sus juicios. Dios no tolera la opresión ni la idolatría, pero no los envió al exilio la primera vez que pecaron, sino que trabajó con su pueblo, suplicándole a través de sus profetas que se arrepintieran y volvieran a él. El pueblo se negó a escuchar. Sorprendentemente, el Señor trató durante siglos de apartar a su pueblo de sus pecados mediante numerosos profetas y advertencias.

Jesús mismo lo expresó de manera insuperable: «¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que son enviados a ti! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus pollos bajo sus alas! Y no quisiste» (Mat. 23:37).

Sin embargo, incluso durante el exilio, Dios nunca dejó a su pueblo sin esperanza. A pesar de sus continuos fracasos, Dios prometió: «El Redentor vendrá a Sion, a los que en Jacob se conviertan de la iniquidad –dice el Señor» (Isa. 59:20).

Piensa en la fidelidad de Dios incluso cuando Israel se apartó de él. ¿Cómo has experimentado este aspecto del carácter amoroso de Dios en tu propia vida?

¿Dónde estarías si él no fuera tan paciente y amoroso?

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