El poder de la resurrección de Cristo
Lección 8, para el 21 de agosto

El poder de la resurrección de Cristo

La resurrección de Cristo es el fundamento de nuestra fe. Pablo defiende con fuerza la realidad histórica y el significado teológico de la resurrección para nuestra salvación.

El Cristo resucitado, nuestra única esperanza

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En 1 Corintios 15:9-19, Pablo explica cuán graves y terribles son las consecuencias de negar la resurrección, ya que, sin ella, los creyentes no tienen esperanza en el presente, y mucho menos en el futuro.

Lee 1 Corintios 15:9-19. ¿Qué perdemos si Cristo no resucitó?

En general, los paganos no creían en la resurrección, especialmente en el mundo griego, con su creencia en el dualismo cuerpo-alma (al morir, el alma ascendía según ellos adonde supuestamente van las almas de los muertos). Pablo comienza 1 Corintios 15:12-19 con una pregunta retórica que muestra su profundo desconcierto: «¿Cómo algunos de ustedes dicen que no hay resurrección de los muertos?» (1 Corintios 15:12). Para el apóstol, no creer en la resurrección era algo inconcebible, especialmente en vista de la existencia de tantos testigos oculares de ella (1 Corintios 15:5-8). Pero, peor aún, si la resurrección no había ocurrido, la esperanza de los creyentes estaba basada en una mentira y seguían sujetos a las consecuencias eternas de sus pecados.

De hecho, Pablo dice que si no hay resurrección de los muertos: (1) Cristo no resucitó (1 Corintios 15:13, 16); (2) nuestra predicación es vana (vers. 14); (3) nuestra fe también es vana (vers. 14, 17); (4) somos testigos falsos (vers. 15); (5) seguimos en nuestros pecados (vers. 17); y, obviamente, (6) quienes murieron están perdidos (vers. 18).

Sin la resurrección, tanto la predicación como la fe son vanas (1 Corintios 15:14, 17). El término griego traducido como «vana» o «vacía» es _kenos_. Los intérpretes debaten si _kenos_ significa «vana» en el sentido de carente de verdad (es decir, «falsa»), carente de resultados (es decir, «sin resultado o efecto») o carente de propósito (es decir, «en vano»).

Sea cual fuere el significado específico, en un escenario en el que no existiera la resurrección, la fe se describe como inútil (griego _mataios_) (1 Corintios 15:17). Aunque _mataios_ no difiere mucho de _kenos_, la idea es que, si Jesús no está vivo, la fe es infructuosa, una ilusión, porque nuestros pecados no han sido perdonados (vers. 17). En ese caso, los cristianos seríamos falsos testigos que engañan y son engañados (vers. 15).

¿Qué sentido tendría 1 Corintios 15 si los seres humanos tuviéramos almas que fueran al cielo (o al infierno) en ocasión de la muerte? ¿Por qué es tan importante entender que los muertos «duermen»?

Comentarios Elena G.W

No ganamos el cielo por nuestros méritos, sino por los méritos de Cristo… No se centralice vuestra esperanza en vosotros mismos, sino en Aquel que ha entrado dentro del velo. Hablad de la bendita esperanza, y de la aparición gloriosa de nuestro Señor Jesucristo.

Es cierto que estamos expuestos a grandes peligros morales; es cierto que estamos en peligro de ser corrompidos. Pero este peligro solo nos amenaza si confiamos en el yo y miramos no más arriba de nuestros propios esfuerzos humanos. Al hacer esto, provocaremos el naufragio de la fe.

En Cristo se centraliza nuestra esperanza de vida eterna… Nuestra esperanza es un ancla para el alma, segura y firme, cuando entra dentro del velo, pues el alma zamarreada por la tempestad se convierte en participante de la naturaleza divina. Está anclado en Cristo. En medio de los embates de la tentación, no será arrastrado contra las rocas ni arrastrado hacia el remolino. Su barco resistirá la tormenta (That I May Know Him, p. 79; parcialmente en A fin de conocerle, 14 de marzo, p. 80).

“Id por todo el mundo, y predicad el evangelio a toda criatura”, es la orden de Cristo… No quiere decir esto que todos sean llamados a ser pastores o misioneros en el sentido común de la palabra; pero todos pueden ser colaboradores con él para dar las “buenas nuevas” a sus semejantes. Se da la orden a todos, grandes o chicos, instruidos o ignorantes, viejos o jóvenes.

Sobre todo aquel que conoce la verdad para este tiempo descansa la responsabilidad de darla a conocer a otros. Los siervos de Cristo son en gran medida responsables del bienestar y la salvación del mundo. Han de ser colaboradores de Dios en la obra de ganar almas para Cristo.

El tema que atrae el corazón del pecador es Cristo y Cristo crucificado. Sobre la cruz del Calvario Jesús se revela al mundo en un amor sin paralelo. Presentadlo a las multitudes hambrientas, y la luz de su amor ganará a los hombres y los llevará de las tinieblas a la luz, de la transgresión a la obediencia y la verdadera santidad. La contemplación de Cristo en la cruz del Calvario despierta la conciencia para que perciba el carácter odioso del pecado como no puede hacerlo ninguna otra cosa.

Cristo colgando de la cruz era el evangelio. Ahora tenemos un mensaje: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. Los miembros de nuestra iglesia, ¿no querrán conservar los ojos fijos en un Salvador crucificado y resucitado en quien se centran sus esperanzas de vida eterna? Este es nuestro mensaje, nuestro tema, nuestra doctrina, nuestra advertencia al impenitente, nuestro estímulo para el sufriente, la esperanza para cada creyente. Si podemos despertar el interés de los hombres para que fijen los ojos en Cristo, podemos ponernos a un lado y pedirles únicamente que continúen fijando los ojos en el Cordero de Dios… Aquel cuyos ojos estén fijos en Jesús, dejará todo. Morirá al egoísmo. Creerá en toda la Palabra de Dios, que es tan gloriosa y admirablemente ensalzada en Cristo.

Es privilegio de todo cristiano no solo esperar sino apresurar la venida de nuestro Señor Jesucristo. Si todos los que profesan su nombre llevasen frutos para su gloria, ¡cuán prestamente quedaría sembrada en el mundo la semilla del evangelio! La última mies maduraría rápidamente, y Cristo vendría para recoger el precioso grano (Maranata: el Señor viene, 1º de abril, p. 102).

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