Lee el capítulo «La liberación del pueblo de Dios», en El conflicto de los siglos (pp. 619-633), de Elena G. de White.
«La divinidad de Cristo es la garantía que el creyente tiene de la vida eterna. Jesús dijo: “El que cree en mí —dijo Jesús— aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees eso?”. Cristo miraba hacia adelante, a su segunda venida. Entonces los justos muertos serán resucitados incorruptibles, y los justos vivos serán trasladados al cielo sin ver la muerte. El milagro que Cristo estaba por realizar, al resucitar a Lázaro de los muertos, representaría la resurrección de todos los justos muertos» (Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, p. 501).
«La Tierra se estremeció violentamente cuando la voz del Hijo de Dios llamó a los santos que dormían. Respondieron a esa invitación y surgieron revestidos de gloriosa inmortalidad exclamando: “¡Victoria! ¡Victoria sobre la muerte y el sepulcro! ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?” (ver 1 Corintios 15:55). Entonces los santos vivos y los resucitados elevaron sus voces en un prolongado y arrobador grito de triunfo. Los cuerpos que habían descendido a la tumba con los las marcas de la enfermedad y de la muerte, resucitaron dotados de salud y vigor inmortales. Los santos vivos fueron transformados en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, y junto con los resucitados ascendieron juntos para recibir al Señor en el aire (ver 1 Tesalonicenses 4:16-17). ¡Oh, qué glorioso encuentro! Los amigos desunidos por la muerte volvieron a reunirse para no separarse nunca más» (Elena G. de White, La historia de la redención, p. 361).
**Preguntas para dialogar:**
Pensemos en quienes fueron testigos oculares de la resurrección de Cristo (Hechos 1:22; 2:32; 3:15; 4:33; 5:30-32). ¿Cómo podemos nosotros, unos dos mil años después de ese acontecimiento, ser «testigos» de su resurrección?
La resurrección de Cristo es una parte integral del mensaje del evangelio (1 Corintios 15:1-4). Sin la resurrección, la proclamación de la muerte de Cristo, y esta misma, sería irrelevante (1 Corintios 15:14). ¿Por qué? ¿Qué dice tu respuesta acerca del poder de la resurrección de Cristo?
Reflexiona acerca de la intrigante afirmación de Pablo: «Si los muertos no resucitan, “comamos y bebamos, que mañana moriremos”» (1 Corintios 15:32). ¿Cuál es el punto?
Habla en la clase acerca del estado de los muertos. ¿Por qué 1 Corintios 15 no tiene sentido si, al morir, los salvos son llevados inmediatamente al cielo?
Comentarios Elena G.W
Conflicto y valor, “¡De nuevo al hogar!”, 17 de enero, p. 23.
El Cristo triunfante, “Los primeros frutos de la victoria sobre la muerte”, 6 de octubre, p. 288.