Si Jesús no estuviera vivo, cualquier expectativa acerca del futuro sería solo una ilusión (1 Corintios 15:12-19). «Pero lo cierto es que Cristo resucitó de los muertos» (vers. 20). Su resurrección es un hecho histórico. Por consiguiente, podemos estar seguros de que todos los que han muerto en Cristo resucitarán cuando él regrese (vers. 20-23).
Lee 1 Corintios 15:20-23. ¿Qué significa decir que Jesús es la «primicia»?
El fin de la presente era malvada estará marcado por la resurrección corporal de quienes murieron en Cristo (1 Corintios 15:24; Apocalipsis 20:5-6). Como el último Adán, Cristo devolverá el reino al Padre al entregarle el dominio de este mundo (1 Corintios 15:25-28). El sometimiento de Cristo a Dios (vers. 15:28) debe ser entendido en términos de cómo se describe la relación entre Adán y Cristo. Como el Adán definitivo en el plan de redención (vers. 45), Jesús se somete por completo a la voluntad del Padre, algo que el primer Adán no hizo.
En 1 Corintios 15:29-34, Pablo retoma su exposición acerca de la insensatez de negar la resurrección de Cristo. Utiliza la ilustración del bautismo porque es en sí mismo un símbolo de la unión del creyente con Cristo (en el bautismo, el creyente participa simbólicamente de la muerte y la resurrección del Señor, Romanos 6:3-4; Colosenses 2:12). En vista de ello, no tiene sentido negar la realidad de la resurrección. Sin embargo, lo que resulta difícil de comprender es lo que Pablo quiso decir con la expresión «bautizados por causa de los muertos» (1 Corintios 15:29).
«Se han presentado varias sugerencias, pero la mejor forma de interpretarla es como una referencia a la decisión de algunos de ser bautizados para poder volver a encontrarse en la resurrección con sus seres queridos ya fallecidos. También puede referirse a la decisión de ser bautizados en respuesta a la vida ejemplar de aquellos que habían muerto en Cristo. Este caso se referiría, pues, a personas que se bautizan no en lugar de los muertos, sino a causa de los muertos» (Carl P. Cosaert, «1 Corintios», Comentario bíblico Andrews [Doral, FL: IADPA, 2024], t. 2, p. 552).
En segundo lugar, arriesgar la vida no tendría sentido si no existiera la resurrección (1 Corintios 15:30-32). Sería mejor, en cambio, deleitarse en los placeres de este mundo (vers. 32).
Reflexiona acerca de las palabras de Pablo en 2 Timoteo 1:12. ¿Cómo podía estar tan seguro del futuro? ¿Cómo podemos estarlo nosotros?
Comentarios Elena G.W
Durante su ministerio Jesús devolvió la vida a los muertos. El Señor resucitó al hijo de la viuda de Naín, a la hija de Jairo y a Lázaro. Sin embargo, ninguno de ellos fue revestido de inmortalidad, porque después que resucitaron continuaron sujetos al deterioro y a la muerte. Pero quienes volvieron a la vida en ocasión de la resurrección ascendieron con él como trofeos de su victoria sobre la muerte y el sepulcro…
Éstos fueron a la ciudad y se presentaron delante de muchos, diciendo: “Cristo ha resucitado de los muertos y nosotros fuimos levantados con él”. Algunos se aterraron al verlos. Llevaban consigo la evidencia innegable no solo de su propia resurrección, sino de la resurrección del Redentor crucificado. Luego de la resurrección, Cristo no se presentó ante nadie, excepto ante sus seguidores; pero el testimonio de su resurrección no se hizo esperar. Se produjo por varias fuentes, incluyendo a los quinientos que se reunieron en Galilea para ver a su Señor resucitado. Este testimonio no se extinguiría jamás. Los sagrados episodios de la resurrección del Señor habrían de ser inmortalizados.
Aquellos que habían resucitado fueron presentados como trofeos ante las inteligencias celestiales; como anticipo de la resurrección de quienes reciben a Jesucristo y creen en él como su Salvador personal. Eran símbolos de la resurrección final de los justos. El mismo poder que levantó a Cristo de los muertos habría de levantar a la iglesia y presentarla con Cristo, como su novia, por encima de principados, de potestades, de todo nombre que se pronuncia, no solo en este mundo, sino en los atrios celestiales, en el mundo superior…
Cristo era las primicias de quienes descansaban. Esta misma escena, la resurrección de Cristo de los muertos, había sido observada en tipo por los judíos en una de sus festividades sagradas, conocida como la fiesta de los judíos. En esta ocasión y cuando las primicias se habían reunido, se subía al templo y se ofrecía una ceremonia de acción de gracias. En esa ocasión, la primicia de la cosecha se consagraba exclusivamente al Señor…
Cuando Cristo ascendía y en el momento en que bendecía a sus discípulos, un ejército de ángeles lo arrebató en medio de una nube. Cristo llevó consigo como trofeo a una multitud de cautivos. El Señor habría de presentar delante del Padre las primicias de aquellos que descansaron, para presentarlas a Dios como una garantía de que es el Vencedor sobre la muerte y el sepulcro (El Cristo truinfante, 6 de octubre, p. 288).
Cristo resucitó de entre los muertos como primicia de aquellos que dormían. Estaba representado por la gavilla agitada, y su resurrección se realizó en el mismo día en que esa gavilla era presentada delante del Señor. Durante más de mil años, se había realizado esa ceremonia simbólica. Se juntaban las primeras espigas de grano maduro de los campos de la mies, y cuando la gente subía a Jerusalén para la Pascua, se agitaba la gavilla de primicias como ofrenda de agradecimiento delante de Jehová. No podía ponerse la hoz a la mies para juntarla en gavillas antes que esa ofrenda fuese presentada. La gavilla dedicada a Dios representaba la mies. Así también Cristo, las primicias, representaba la gran mies espiritual que ha de ser juntada para el reino de Dios. Su resurrección es símbolo y garantía de la resurrección de todos los justos muertos (El Deseado de todas las gentes, pp. 729, 730).