El Creador habla
Lección 1, para el 3 de octubre

El Creador habla

LA COMUNICACIÓN EN EL EDÉN

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Génesis 1 y 2 narran la historia de la creación. Dios creó un mundo hermoso y puso en él a Adán y Eva, las obras maestras de la creación. Los seres humanos se diferenciaban de todas las demás criaturas de la tierra porque fueron creados «a imagen de Dios» (Gén. 1:27), algo que solo se dice de ellos y no, por ejemplo, de las aves o de otros animales. Como tales, debían vivir una vida plena y abundante, experimentar el amor en todas sus formas y vivir en comunión con Dios mismo.

Génesis 2:18-23 dice además que Dios creó a Eva para Adán porque vio que «no es bueno que el hombre esté solo» (Gén. 2:18). Desde el principio, pues, los seres humanos fueron creados como seres sociales. Los sociólogos sostienen que la interacción humana provee numerosos beneficios para el bienestar físico y mental, mientras que la soledad resulta mortal.

No es de extrañar, entonces, que después de la creación de Eva, Adán exclamara: «Esta es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Esta será llamada “mujer”, porque fue tomada del hombre» (Gén. 2:23, RVA-2015). La estructura familiar constituida por un hombre y una mujer unidos en matrimonio es la primera institución social que Dios proveyó a los seres humanos para que experimentaran una relación y una comunión integradoras. No es de extrañar, pues, que uno de los principales objetivos de Satanás siempre haya sido destruir la dinámica fundamental de la familia original.

Lee Génesis 1:27-28; 2:15-17; 3:9. ¿Qué tipo de comunicación existía entre Dios y los seres humanos en el jardín del Edén?

Adán y Eva disfrutaban de una comunión personal con Dios. Como seres inteligentes, podían reunirse con él y escuchar sus instrucciones. Como administradores del maravilloso jardín de Dios, crecían en conocimiento y capacidad mientras cuidaban de la flora y la fauna. Disfrutaban también cada día de un tiempo especial con Dios «a la brisa del atardecer» (Gén. 3:8). El día de reposo en particular, una parte esencial de la actividad creadora de Dios, debía ser un tiempo especialmente dedicado a la comunión entre Dios y sus hijos (Gén. 2:2-3; Éxo. 20:8-11). En ese día, nuestros primeros padres experimentaban el amor y el cuidado de Dios de una manera especial.

Hoy, miles de años después del Edén, nos resulta difícil imaginar cómo fue todo antes del pecado. Sin embargo, incluso ahora, ¿cómo nos remite el mundo natural a la creación original de Dios?

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