Puesto que Dios es amor (1 Juan 4:8), él no crearía «robots» humanos. El amor implica conceder a la persona amada la libertad de elegir. Para poder amar, Adán y Eva tenían que ser creados con libre albedrío. De lo contrario, les sería imposible expresar verdadero amor.
Por lo tanto, Adán y Eva tenían la libertad de obedecer o no a su Creador. Esta libertad de elección se hace evidente en la orden de no comer del árbol del conocimiento del bien y del mal (ver Gén. 2:15-17). ¿Por qué advertirles que no comieran de él si no tenían la libertad de hacerlo?
«Nuestros primeros padres, a pesar de que fueron creados inocentes y santos, no fueron colocados fuera de la posibilidad de pecar. Dios los hizo entes morales libres, capaces de apreciar y comprender la sabiduría y benevolencia de su carácter y la justicia de sus requerimientos, y les dejó plena libertad para prestarle o negarle obediencia. Debían gozar de la comunión de Dios y de los santos ángeles. […] Sin libertad de elección, su obediencia no habría sido voluntaria, sino forzada» (Elena de White, Patriarcas y profetas, pp. 29-30).
¿Por qué Adán y Eva intentaron esconderse de su Creador después de desobedecerlo? Lee Génesis 3:1-8 (compáralo con Jer. 23:24; Heb. 4:13).
Génesis 3 describe una escena terrible: la caída de Adán y Eva. Después de la épica conversación entre la serpiente (Satanás) y Eva, nuestros primeros padres fueron tentados a comer del «árbol del conocimiento del bien y del mal», lo cual les estaba prohibido. Satanás utilizó el poder de las palabras, las emociones y las tentaciones placenteras para convencer a Eva, quien a su vez persuadió a Adán de que desobedecieran el mandato de Dios. Eva señaló que el árbol era «bueno para comer», «agradable a los ojos» y «codiciable para alcanzar sabiduría» (Gén. 3:6). La promesa de Satanás de que serían «como Dios, conocedores del bien y del mal» (Gén. 3:5) sonaba irresistible.
En realidad, el discurso de Satanás estaba plagado de falacias. Satanás les ocultó las consecuencias de la desobediencia. Después de desobedecer a Dios, sus ojos se «abrieron» y vieron que estaban «desnudos». La «vestidura» de esplendor y majestad provista por Dios (Sal. 104:1-2), que reflejaba la «imagen» divina, había desaparecido. Ya no estaban cubiertos por lo que Dios les había proporcionado. No es de extrañar que Adán y Eva se escondieran de su Creador (como si fuera realmente posible esconderse de Dios). Intentaron esconderse porque el pecado nos hace sentir culpables y, en consecuencia, rehuir la presencia de Dios.
¿Te has sentido avergonzado después de pecar y has intentado ocultarte de Dios?