El Creador habla
Lección 1, para el 3 de octubre

El Creador habla

ELENA G. DE WHITE

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La comunicación de Dios no se limita a los tiempos bíblicos. Como veremos en las próximas semanas, Dios habla a los seres humanos de manera ininterrumpida y adecuada para cada momento de la historia hasta que Cristo regrese.

Elena de White y su hermana gemela, Elizabeth, nacieron el 26 de noviembre de 1827 en Gorham, Maine, Estados Unidos. Eran las menores de los ocho hijos de Eunice y Robert Harmon. A los pocos años, la familia se mudó a la ciudad de Portland, Maine, donde Robert esperaba expandir su negocio de fabricación de sombreros. A los 9 años, Elena sufrió una lesión que la afectó física, emocional y socialmente. Mientras estaba en un parque cerca de su casa, una compañera de clase enfadada le lanzó una piedra que la hirió en el rostro, lo que la dejó semiinconsciente durante varias semanas. Este accidente puso fin abruptamente a su educación formal y le produjo problemas de salud que la acompañaron a lo largo de su vida. Las lesiones faciales también hicieron que Elena se sintiera acomplejada por su apariencia, lo que limitó su interacción social.

En este contexto de incertidumbre, la joven Elena comenzó a pensar en su destino espiritual. Sentía temor de Dios y se sentía indigna del cielo. Esos sentimientos se intensificaron cuando la familia Harmon aceptó la doctrina millerita del pronto regreso de Jesús. Incluso después de su bautismo por inmersión en la Iglesia Metodista en 1842, Elena no se sentía digna del amor de Dios. Creía que estaba eternamente perdida (Notas biográficas, p. 31; ver también las pp. 22-33).

En medio de estos pensamientos angustiosos, Elena tuvo dos sueños que comenzaron a cambiar su opinión acerca de Dios. Pero no fue hasta que conoció a Levi Stockman, un predicador metodista, cuando comprendió y sintió el amor y la gracia de Dios. Fue como si el Señor le hubiera hablado en medio de su desesperación. «La fe embargaba ahora mi corazón», escribió más tarde. «Sentía un inexplicable amor hacia Dios, y su Espíritu me daba testimonio de que mis pecados estaban perdonados. Cambié la opinión que tenía del Padre. Empecé a considerarlo como un padre bondadoso y tierno más bien que como un severo tirano que fuerza a los hombres a obedecerlo ciegamente. Mi corazón sentía un profundo y ferviente amor hacia él» (Notas biográficas de Elena G. de White, p. 40). Al mismo tiempo, Elena también comprendió la doctrina del «estado de los muertos» y poco a poco asimiló la idea de que no existía un infierno eterno. Su nueva comprensión de Dios y de su amor cambió por completo su actitud. Como aprenderemos cada viernes durante las próximas semanas, Elena de White se enamoró profundamente de Jesús y lo sirvió durante el resto de su vida.

Para conocer más acerca de este tema, lee Notas biográficas de Elena G. de White (Florida: ACES, 2013), pp. 19-63.

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