Una de las consecuencias más devastadoras del pecado de Adán y de Eva fue la separación de Dios. Fueron expulsados del jardín y ya no pudieron hablar con Dios cara a cara. El profeta Isaías escribió de manera memorable acerca de esta penosa condición humana: «Las iniquidades de ustedes los separaron de su Dios, y sus pecados han hecho que su rostro se oculte de ustedes para no escuchar» (Isa. 59:2).
En realidad, Adán y Eva continuaban siendo hijos de Dios. Sin embargo, el resultado del pecado era inevitable y tuvieron que abandonar el Edén. Nada volvería a ser igual después de su desobediencia.
El pecado ha afectado a la humanidad de muchas maneras (ver Gén. 3:14-24). ¿Cómo ha modificado específicamente nuestra comunicación con Dios? (Ver también Éxo. 19:16-22).
El pecado cambió por completo la vida humana de maneras que no podemos imaginar, ya que ahora solo conocemos este mundo de pecado en el que vivimos. Debido al pecado, la tierra fue «maldita» y produciría «espinos y cardos». Los seres humanos ahora experimentarían dolor y tendrían que «sudar» para conseguir su alimento, solo para finalmente morir y volver a la tierra. De todos los recordatorios del pecado, la muerte sigue siendo el más poderoso. Al mismo tiempo, debido al pecado perdimos nuestra comunicación directa con Dios.
Sin embargo, se prometió a Adán y Eva una solución para contrarrestar los estragos resultantes del pecado. Aunque nuestros primeros padres no seguirían viendo a Dios ni hablando con él cara a cara, abandonaron el Edén con esperanza para el presente y el futuro. Dios tomó la iniciativa y les explicó su plan de rescate.
Génesis 3:15, el primer anuncio del evangelio, estaba lleno de esperanza para ellos (y para nosotros), a pesar de lo sucedido. La promesa de un Redentor venidero suscitaría enemistad presente contra el pecado y esperanza de salvación futura para la humanidad. El hecho mismo de que Dios proveyera ropa a Adán y a Eva antes de que abandonaran el Jardín fue un acto simbólico que representaba la futura redención de ellos. La futura muerte y resurrección de Jesús haría posible que la comunión con Dios fuera restaurada (Juan 14:1-3).
Esto significa que en el Edén mismo, después de la entrada del mal, se dio a la humanidad la esperanza y la promesa de que el problema del pecado finalmente sería resuelto. Tan pronto como surgió el pecado, surgió la promesa de un Salvador.
¿Qué sentiste después de hacer algo malo? ¿Culpa? ¿Vergüenza? ¿Odio contra ti mismo? ¿Cuáles fueron las consecuencias? ¿Cómo impidieron tu confianza en Dios y la promesa del evangelio que renunciaras por completo a la fe?