¿Qué revelan los siguientes textos acerca de cómo ha hablado Dios a la humanidad desde la entrada del pecado? (Lee Heb. 1:1-2; Rom. 1:19-20; Núm. 12:6; 2 Tim. 3:16-17; Juan 14:7-9; 10:27-30).
A pesar del pecado, Dios encontró muchas maneras de comunicarse con los seres humanos caídos. Una de ellas es la creación. La naturaleza es una poderosa revelación de sus asombrosas obras. Los científicos se sorprenden por las maravillas de nuestro universo y por la complejidad incluso de la forma de vida más «simple». Sin embargo, la naturaleza también muestra las consecuencias de la caída, entre las que se destaca la muerte como la más terrible de ellas.
Dios ha hablado a la humanidad también por medio de los profetas elegidos por él como sus portavoces. Por ejemplo, habló a Noé, Abraham, Moisés y Daniel revelando su voluntad para su pueblo. En esencia, los mensajes proféticos de Dios son un recordatorio de que él no ha olvidado a sus hijos y sigue a su lado. Y, aunque los mensajes de algunos profetas quedaron registrados en la Biblia, no fue así con los de otros.
No obstante, muchas de las palabras de los profetas fueron comunicadas a través de las Escrituras (2 Tim. 3:16-17). La Biblia es una revelación de Dios mismo. Por medio de las palabras registradas en ella aprendemos quién es él, vemos su amor incansable y recibimos su orientación acerca de cómo debemos vivir.
Las Escrituras nos revelan, además, quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos. Allí encontramos el propósito de Dios para nuestra vida.
Pero la forma más eficaz en que Dios nos ha hablado es por medio de Jesucristo, quien, por supuesto, se nos revela en la Biblia. Así como Dios buscó a Adán y a Eva en el jardín del Edén, Cristo vino a «buscar y a salvar lo que se había perdido» (Luc. 19:10). «El que me ha visto a mí ha visto al Padre», declaró Jesús (Juan 14:9). A través de su vida, muerte y resurrección, Cristo cumplió la promesa hecha a Adán y a Eva en el Edén. Él vino y murió en nuestro lugar para que pudiéramos tener vida eterna por medio de él.
Después de que Jesús ascendió al cielo, el Espíritu Santo continuó guiándonos «a toda la verdad» y hablándonos de «lo que ha de venir» (Juan 16:13).
¿Cuánto consuelo te da saber que Jesús, su amor, su carácter y su sacrificio nos revelan cómo es realmente Dios el Padre?