Moisés, el líder elegido por Dios, conocía las alegrías y los pesares resultantes de conducir a una multitud heterogénea a través del desierto rumbo a la tierra prometida.
Lee Números 14:4-11. ¿Qué narran estos versículos? ¿Por qué estaba el pueblo airado contra Moisés y Aarón?
Una lectura atenta de estos pasajes revela que los hijos de Israel estaban enojados con Dios porque no confiaban en él. Moisés y Aarón, los representantes humanos del Dios supremo, eran blancos fáciles para la ira de la nación. Los seres humanos necesitamos sentirnos seguros física y mentalmente. Cuando nos sentimos amenazados en alguna de esas dos esferas, podemos enfurecernos o incluso volvernos irracionales.
Lee Números 13:26-30. ¿Por qué tenían los israelitas tanto temor? ¿Qué palabras de aliento les dirigió Caleb?
Los israelitas albergaban temores legítimos en relación con los desafíos que les esperaban para poseer la tierra prometida, «pero cuando los hombres entregan su corazón a la incredulidad, se colocan bajo el dominio de Satanás, y nadie puede decir hasta dónde los llevará» (Elena de White, Patriarcas y profetas, p. 409). Moisés tuvo que hacer frente a un desafío de liderazgo casi insuperable en ese momento. Los temores del pueblo pronto se convirtieron en ira contra Aarón y Moisés y en una rebelión abierta contra Dios. Cuando el pueblo buscó nuevos líderes para reemplazar al profeta/líder elegido por Dios (Deut. 34:10-12; Núm. 14:4), Josué y Caleb rasgaron sus vestiduras y suplicaron al pueblo que confiara en Dios a pesar de sus temores: «Si el Señor se agrada de nosotros, nos introducirá en esa tierra que mana leche y miel y nos la entregará. Por tanto, no sean rebeldes contra el Señor ni teman al pueblo de esa tierra, porque nosotros los comeremos como pan. Su amparo se apartó de ellos; pero con nosotros está el Señor. No les teman» (Núm. 14:8-9).
Confiar en Dios es fácil cuando todo va bien, pero ¿qué ocurre ante un desastre o cuando confiar en él implica incomodidad o inconvenientes?