“Estas cosas les sucedieron por ejemplo, y fueron escritas para advertirnos a nosotros, a los que han llegado al fin del tiempo”1 Cor 10:11
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Números 13:26-30; Jeremías 36:20-26; 2 Crónicas 36:15-16; Mateo 23:30-35; 1 Corintios 10:6-12.
Actualmente se anima a las personas a decir «su verdad»; es decir, sus experiencias, sus ideas, sus necesidades, sus límites y sus convicciones, sean cuales fueren. Según esa manera de pensar, toda «verdad» es válida y no debe ser silenciada. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando algunas de esas «verdades» profundamente arraigadas entran en conflicto con la Verdad: Jesucristo y su Palabra escrita?
Algunas personas aceptan las verdades bíblicas y se apartan de sus errores; otras se aferran al error. Algunas cambian su comportamiento en respuesta a la verdad; otras se rebelan contra ella. Así ha ocurrido a lo largo de la historia de la humanidad.
Los profetas bíblicos a menudo eran llamados a comunicar mensajes que las personas no querían oír. Como resultado, muchos fueron criticados, condenados al ostracismo, incluso amenazados de muerte o hasta asesinados (Heb. 11:32-38). A pesar de todo esto, los profetas de Dios proclamaron fielmente sus mensajes porque el llamado divino al ministerio profético no era opcional para ellos. Habían recibido una instrucción para salvar la vida del pueblo de Dios. Por lo tanto, sus mensajes tenían que ser comunicados sin importar el costo personal.