¿Alguna vez pensaste, acerca de lo que otros hicieron: «Yo nunca habría hecho eso»? Sin embargo, si somos sinceros, puede que no hagamos exactamente lo mismo que los demás, pero a menudo nos comportamos de manera similar, repitiendo los mismos errores y, tal vez, cegándonos deliberadamente ante lo que realmente estamos haciendo.
A eso se refirió precisamente Jesús cuando dijo: «¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu ojo, entonces podrás ver para sacar la paja del ojo de tu hermano» (Mat. 7:5).
Lee Mateo 23:30-35. ¿Qué punto importante pero doloroso está señalando Jesús aquí? ¿Qué advertencia debemos extraer de sus palabras?
Jesús odiaba el comportamiento de los fariseos por la hipocresía de ellos y por su renuencia a cambiar. Jesús estaba harto de esa religión de las élites espirituales que vestían largas túnicas, pero no eran más que sepulcros blanqueados llenos de huesos de muertos (Mat. 23:27-28).
No confesaban ni abandonaban sus pecados, ni siquiera cuando Jesús se los señalaba y les daba una y otra vez la oportunidad de arrepentirse y ser salvos.
¡No es de extrañar que Jesús los llamara «hipócritas»!: «¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas!» (ver Mat. 23:14-15, 23, 25, 27).
Sus vidas se caracterizaban, en efecto, por decir una cosa y hacer otra. Por ejemplo, embellecían las tumbas de los profetas pensando que de esa manera honraban la fe, pero no se arrepentían en respuesta a los mensajes de ellos.
Querían que se los asociara con la autoridad y la solemnidad de los profetas, pero no con el contenido de sus mensajes. Al embellecer los sepulcros de los siervos de Dios, se convencían a sí mismos de que nunca habrían derramado la sangre de esos mensajeros. Sin embargo, planeaban en ese mismo momento el asesinato de alguien que era mucho más que un profeta: el Mesías mismo.
¿Cómo podemos evitar la hipocresía de parecer religiosos, pero estar llenos de rebelión, codicia y odio?