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Lección 7, para el 14 de noviembre

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DESTRUYENDO EL MENSAJE: PARTE 2

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Las respuestas humanas al don profético son muy variadas. En el caso de Moisés, los hijos de Israel se rebelaron abiertamente contra él y Aarón, impulsados por el temor a los enemigos con los que se encontrarían al intentar entrar en la tierra prometida.

Años más tarde, el rey Joacim quemó el mensaje de Dios con la esperanza de destruir la palabra profética.

Sin embargo, estos no fueron casos aislados. La historia del antiguo Israel y Judá fue, con raras excepciones, una de rechazo a los profetas.

Lee 2 Crónicas 36:15-16. ¿Cómo respondió la nación de Judá a los mensajes que Dios le envió por medio de sus profetas? ¿Cómo reaccionó finalmente Dios ante el comportamiento de Judá?

El ministerio profético de Jeremías abarcó los reinados de Josías, Joacaz, Joacim, Joaquín y Sedequías. El reino de Babilonia, liderado por Nabucodonosor, estaba ahora a las puertas de Judá. Las profecías de Jeremías se cumplieron casi por completo cuando un joven de 21 años llamado Sedequías subió al trono (2 Crón. 36:11). La Biblia dice: «Hizo lo malo ante el Señor, su Dios, y no se humilló ante el profeta Jeremías, que le hablaba de parte del Señor» (2 Crón. 36:12).

Nota cómo es descrito el don profético de Jeremías. Se lo considera un portavoz de Dios. Sin embargo, Sedequías no se humilló ante el profeta, quien, aunque era solo un hombre, un pecador como todos nosotros, era el representante del Señor, en cuyo nombre hablaba.

Jeremías fue uno de los muchos que desempeñaron ese papel. Durante siglos, Dios había estado enviando profetas a su pueblo (Éxo. 3:15; Sal. 105:26; Mal. 3:1; Isa. 6:8; Jer. 25:4; Mat. 11:13; Luc. 11:49; etc.), pues «no quiere que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento» (2 Ped. 3:9). La historia del antiguo Israel y Judá es la de los incesantes intentos de Dios de llegar a su pueblo descarriado con sus promesas de salvación, si tan solo se arrepiente.

Pero, en esa última hora de la historia de Judá, la gracia extendida por Dios a la nación por medio de la guía y el consuelo de la voz profética de Jeremías fue recibida, no con humildad, fe y arrepentimiento, sino con burlas y escarnio.

Se burlaron de los mensajeros de Dios, despreciaron sus palabras y se mofaron de sus profetas, algo que nosotros nunca haríamos, ¿o sí?

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